Vivir en Sevilla tiene muchas ventajas, pero cuando el termómetro se dispara en agosto, todos pensamos en lo mismo: escapar al mar. El problema es que la misma idea se le ocurre a media provincia… y a medio país. Resultado: playas abarrotadas, sombrillas pegadas como fichas de dominó y colas para comprar un triste helado.

Sin embargo, existe una solución para quienes buscan un plan exprés de playa cerca de Sevilla pero sin la sensación de estar en un festival de música: Mazagón, en la provincia de Huelva.

A apenas una hora y diez minutos en coche, Mazagón es un pequeño paraíso que combina kilómetros de arena dorada, aguas limpias y un entorno natural protegido. Lo mejor es que, si te alejas un poco de los accesos principales, puedes encontrar espacio suficiente para estirar la toalla y sentirte, por un momento, dueño y señor de la orilla.

Uno de sus tesoros más valorados es Cuesta Maneli, un enclave dentro del Parque Nacional de Doñana al que se llega tras un paseo de madera entre pinares y dunas. Al final del camino, aparece una playa salvaje sin chiringuitos ni ruidos, donde el único sonido es el de las olas y las gaviotas. National Geographic la ha incluido en su lista de las mejores playas de España… y los que la conocen suelen intentar no correr la voz demasiado.

Mientras Matalascañas —la playa más cercana a Sevilla— vive en temporada alta su propio Grand Prix de sombrillas y neveras, Mazagón resiste con un perfil más relajado. Aquí no hay guerra por los primeros metros de arena, sino un ambiente tranquilo, casi de postal, ideal para familias que huyen del bullicio o para quienes necesitan desconectar.

Eso sí, la playa tiene su pequeña “trampa”: no esperes grandes servicios a pie de arena. Lo suyo es llevar una buena nevera, sombrilla, agua y protector solar, porque una vez que bajas a Cuesta Maneli, te costará mucho querer volver a subir… aunque el sendero esté tan cuidado que el paseo se disfruta incluso de vuelta.

En definitiva, Mazagón es el plan secreto de playa para sevillanos con alergia a las aglomeraciones. Está lo suficientemente cerca para una escapada de un día y lo bastante lejos del ruido como para que puedas cerrar los ojos y escuchar solo el mar.