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La postura de la UE con respecto a la política de Venezuela ha quedado clara en los últimos años. Pero solo en gestos; sanciones económicas al país iberoamericano, premio Sájarov a los líderes de la oposición María Corina Machado y Edmundo González Urrutia, reconocimiento de éste mismo tras las elecciones de 2024 como legítimo presidente del país azotado por la tiranía del dictador Maduro, o la constante apelación al respeto democrático y separación de poderes que solo han tenido como respuesta a su propio eco en el Atlántico.
Sin embargo, sin fuerza militar, ni estrategia geopolítica, todo se ha quedado en meras palabras. Unas palabras que en este transcendente sábado 3 de enero denotan una clara sumisión de la UE ante el gigante norteamericano ya que ni la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, ni la Alta representante para la Política Exterior de la UE, Kaja Kallas, han sido capaces de condenar expresamente la clara violación del derecho internacional que ha supuesto este alarde de poder militar yanqui ante Latinoamérica y ante el resto del mundo recordando quién manda.
Premio Sájarov
En diciembre de 2024 el premio Sájarov, considerado el premio Nobel de la Paz a la europea, se otorgó al presidente electo de Venezuela, Edmundo González Urrutia y a María Corina Machado. Éste señaló que el Premio Sájarov reforzaba su compromiso con el diálogo y simbolizaba la unidad entre los demócratas del mundo, «que hoy más que nunca nos necesitamos mutuamente». Concluyó que la lucha de Venezuela por la libertad y la democracia también era «la lucha por estos valores en todo el planeta».
Durante una intervención a distancia, María Corina Machado denunció que «durante un cuarto de siglo intentaron separarnos, debilitarnos y someternos. (…) Con la prédica sistemática del odio buscaron enfrentarnos mutuamente, pueblo contra pueblo; dividirnos entre ricos y pobres, izquierdas y derechas, blancos y negros, los que emigran y los que no, y también por nuestras creencias religiosas».
Cronología reciente entre la UE y Venezuela
En una resolución aprobada el 19 de septiembre de 2024, el Parlamento Europeo reconoció a González Urrutia como el presidente legítimo de Venezuela democráticamente elegido y a María Corina Machado como líder de las fuerzas democráticas. Los eurodiputados también señalaron que los informes de las misiones de observación electoral constataron que las elecciones presidenciales no respetaron los estándares internacionales de integridad electoral.
La Eurocámara en febrero de 2024 ya urgió a los Estados miembros a mantener las sanciones impuestas al régimen de Maduro y a endurecerlas mientras no hubiese un compromiso claro y permanente del régimen, en línea con el Acuerdo de Barbados, de respetar estándares democráticos fundamentales, el Estado de derecho y los derechos humanos.
En julio de 2023, el PE condenó la decisión arbitraria e inconstitucional de impedir a relevantes figuras de la oposición como María Corina Machado, Leopoldo López, Henrique Capriles y Freddy Superlano presentarse a las elecciones de 2024. ¿Qué pasó con toda esa performance de quien presume de diálogo y paz en el mundo, es decir, del viejo continente?EEUU locuta, causa finita.
¿Qué ocurre con el Derecho Internacional?
A pesar de que el gran mensaje de esperanza es que tenga lugar, por fin, una transición en Venezuela hacia la democracia, el estado de derecho y libertades, una de las primeras reglas del derecho internacional, ese que se instauró tras la II Guerra Mundial para intentar solucionar los conflictos sin matarnos, ha sido absolutamente ninguneada.
Se trata del Artículo 2.4 de la Carta de las Naciones Unidas, por el cual se prohíbe a todos los Estados Miembros el recurso a la amenaza o al uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier otro Estado, o de cualquier otra forma incompatible con los propósitos de la ONU, siendo un pilar fundamental para la paz y la seguridad internacionales y el respeto a la soberanía. Así pues, cabe preguntarse seriamente para qué sirve el derecho internacional y si merece la pena defenderlo y referirlo.
Rusia e Israel sí, Venezuela es otra cosa para la UE
Nos llevamos las manos a la cabeza con Putin por invadir Ucrania, con Israel por abusar de su poder, pero como europeos solo apuntamos que «se debe respetar el derecho internacional» sin condenar a la evidente sobreactuación de EEUU y cómo ha obviado todo consenso internacional. En caliente, parece que por fin superman, perdón, super estado, llegó a salvarnos, pero si respiramos un poco podríamos leerlo como una clara amenaza ante todo aquel que ponga en tela de juicio el modus operandi de la Administración Trump.
El único que se ha atrevido a señalar la extravagancia ilegal de EEUU ha sido el Secretario General de la ONU, António Guterres, sin grandes consecuencias, evidentemente. Cabe pensar que la ausencia del poder militar genuinamente europeo nos hace esclavos de la voluntad estadounidense para cuando lo necesitemos. De lo que parece que nos olvidamos es de que su ayuda será, o no será, en función de sus propios intereses, como no podría ser de otra forma. ¿Toca despertar y dejar de contar con el hermano mayor? Es muy probable que sí, como tantas veces ha insistido Borrell, ex Alto representante para la Política Exterior de la UE.
