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Defensa de la UE ante cualquier otra prioridad. Ésta ha sido la premisa de la reunión de los 27 en Copenhague en el encuentro informal del Consejo Europeo que ha tenido lugar esta semana en la capital danesa. Una cita a la que le siguió, 24 horas después, el cónclave de la Comunidad Política Europea en la que han participado más de 40 jefes de Estado y de Gobierno de todo el continente.
Las últimas incursiones de drones, presuntamente rusos, detectadas en espacios aéreos de Dinamarca, Alemania o Polonia han hecho saltar todas las alarmas, especialmente en los países nórdicos. Tanto es así, que el ministro de Defensa de Finlandia, Antti Häkkänen, ha afirmado, sin ningún tipo de duda que cuando «Rusia se quedó sin misiles empezó a producir muchos drones, por lo que esto ha cambiado el panorama de las amenazas». Amenazas que Rusia sigue sin confirmar.
Si Europa se debilita, Rusia gana
En esta línea, Häkkänen advierte del elevado coste que supone neutralizar drones, además del desafío que supone lanzarlo en zonas civiles e intentar evitar los daños colaterales. «Es un enorme desafío el lanzar un dron en un área civil sin daños colaterales, utilizando toda la fuerza del Ejército con una guerra de espectro completo». Una afirmación que hace hincapié en que la debilidad de Occidente siempre será aprovechada por Rusia.
Sin embargo, y de nuevo, fuentes oficiales del Kremlin siguen insistiendo en que se trata de una «histeria europea» que solo busca reforzar las políticas y presupuestos de defensa. Tesis que comparten varios analistas consultados por esta publicación en varias ocasiones.
Primera gran cuestión: muro de drones sí o no para la defensa europea
Diez países orientales y nórdicos de la UE proponen, respaldados por la Comisión Europea, la instauración de un muro de drones que pretendería combinar sistemas de detección y ataque a lo largo de las fronteras de dichos países. En definitiva, una de las inversiones clave de aquí a 2030, según la hoja de ruta del plan de rearme europeo para la defensa. Una realidad que, según la primera ministra letona podría empezar a funcionar en un año y medio máximo.
A la incursión en espacio OTAN, tanto la organización trasatlántica, como la Unión Europea concuerdan en que hay que sumar las campañas de desinformación «en esta guerra híbrida» cuyo telón de fondo vuelve a ser el dinero. ¿Finalmente pasará de un 2%, a un 5% la aportación del PIB de cada uno de los miembros de la Alianza para sufragar todos estos gastos? ¿Son necesarios? ¿Quién se beneficiaría realmente de todo ello? Sin duda, la industria armamentística mundial, pero no está tan claro que de igual manera lo hiciese la población europea a la que pretende proteger.
