Imagen de la sede de la OTAN / SA
Imagen de la sede de la OTAN / SA

Los conceptos de Unión Europea y guerra han pasado de ser temática de la asignatura de historia de instituto a preocupación social compartida desde que Rusia comenzó hace ya más de tres años y medio la invasión de Ucrania. Estas últimas semanas, países bálticos, nórdicos y Polonia han denunciado la violación de su espacio aéreo por parte de Rusia con drones. El Kremlin, sin embargo, lo niega.

La tensión entre la OTAN y Moscú escala a marchas aceleradas, mientras el Banco Central Europeo aconseja tener cash en casa «en caso de gran inestabilidad». Ursula von der Leyen basó su discurso sobre el Estado de la Unión en la necesidad de un rearme europeo para su defensa y lanzó una pregunta que, claramente, no fue retórica: «¿Tenemos estómago para una guerra?».

Alarmas en Dinamarca

La cronología de temores de esta semana ha sido la siguiente en este país nórdico: Dinamarca registró este miércoles, entre las 22:00 y la 1:00 horas, drones en los aeropuertos de Aalborg, Esbjerg, Sonderborg, Billund y Skrydstrup, lo que provocó la congelación de vuelos comerciales y militares durante varias horas, hasta recuperar el tráfico habitual en la mañana del jueves 26 de septiembre.

Mette Frederiksen, la primera ministra danesa, ha afirmado que su país «ha sufrido el ataque más grande contra infraestructuras críticas hasta la fecha» y ya ha descolgado el teléfono directo con la OTAN para estar en continuo contacto. Una amenaza que Dinamarca no puede atribuir a Rusia por falta de pruebas.

Sirenas de una amenaza de guerra en la Unión Europea

Por su parte, el canciller alemán, Merz, ha instado a su ministro de Defensa a que coordine una respuesta orquestada con la OTAN: «No permitiremos que estas intrusiones se sigan produciendo y tomaremos todas las medidas que sean necesarias». Los países bálticos tampoco se quedan atrás. Estonia detectó el 19 de septiembre tres cazas rusos durante 12 minutos sin autorización. Lituania y Letonia también se han sumado a estas denuncias.

En Polonia, la OTAN, semanas antes, derribó drones rusos en lo que se ha calificado como «el incidente transfronterizo más grave contra un miembro de la alianza desde el inicio de la invasión rusa», y en Rumanía se sigue percibiendo la presión del Kremlin en la Europa del Este. A todo ello, hay que sumar los amagos de interferir en los GPS de aviones en los que han viajado la presidenta de la Comisión Europea y la ministra de Defensa de España, Margarita Robles. Algo que ha negado en rotundo Rusia.

¿Provocación o excusa política?

Varios analistas consultados por Sevilla Actualidad están de acuerdo en que a Rusia no le interesa extender el conflicto más allá de las fronteras con Ucrania. En lo que discrepan estas fuentes es en la autoría de estas incursiones aéreas. Según unos, se trata de una estrategia 100 % europea de la mano de la OTAN para preparar a una población permeable a un incremento considerable del presupuesto europeo para la defensa.

Otros estiman que son provocaciones rusas que estudian la reacción de la OTAN en aras de medir sus verdaderas fuerzas, aunque nunca con intención de pulsar el artículo 5 del Tratado de la Alianza Atlántica, que recoge que «las partes convienen en que un ataque armado contra una o contra varias de ellas, acaecido en Europa o en América del Norte, se considerará como un ataque dirigido contra todas ellas».