La Unión Europea no puede permitirse ser ninguneada en la búsqueda de la paz en Ucrania y este lunes, cuando se cumplen tres años de la invasión rusa, la cúpula de la Unión así lo escenifica con su presencia en Kiev para mandar un mensaje muy claro: «Una Ucrania libre y soberana no es solo un interés europeo, sino del mundo entero». Con estas palabras, Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión, ha remarcado que no se trata solo de un problema prácticamente doméstico en la UE, sino que es una amenaza contra la que hay que luchar para «prevenir futuras guerras».
A día de hoy, Rusia controla el 18% de Ucrania. Desde la anexión ilegal de Crimea en 2014, su máxima aspiración es anexionar territorio soberano, pero si Europa no interviene seriamente, no solo no se conseguirá la deseada paz, sino que las fronteras europeas podrían verse sustancialmente modificadas porque el plan de Putin no termina en las zonas limítrofes con Polonia.
Una guerra de desgaste, Unión Europea y OTAN
Estamos ante el mayor conflicto bélico en suelo europeo desde la Segunda Guerra Mundial y es el momento de replantearse el modelo de seguridad en la UE. Una prueba de ello ha sido la incorporación reciente por la vía de urgencia de Finlandia y Suecia a la OTAN. Putin no va a retroceder en su sueño de una vuelta a la Unión Soviética y la integridad de Europa, sin el apoyo táctico y financiero de EE UU, se tambalea.
Ucrania, por su parte, pide y necesita entrar en el mundo euroatlántico. De lo contrario, con Trump al otro lado del océano aliándose con un genocida ruso, solo cabría esperar un debilitamiento militar hasta convertirse en un estado fallido, una fricción inédita entre EEUU y Europa y una relación perversa entre Rusia, China, Corea del Norte e Irán donde el derecho internacional y la defensa de los derechos humanos brillan por su ausencia.
El liderazgo de la Unión Europea
El ex alto representante de la Unión Europea, Josep Borrell, intentó instar a todos los países miembros a forjar una defensa europea común, y si no se avanza en esta dirección en estos momentos, no habrá escenario más favorable para ello. Quizás deba europeizarse la OTAN si finalmente Estados Unidos da un paso atrás, total, o parcialmente. Eso pasaría por aumentar sensiblemente el gasto en defensa hasta alcanzar, al menos, un 3% del PIB de los Estados miembros y, al menos en España, ya causa fatiga parlamentaria alcanzar el 2%. La independencia europea en el terreno militar es vital, y nada nuevo. Kennedy sostenía que Europa debía gastar más, y Obama también.
Ante este panorama, la voluntad política es crucial y la existencia de un líder europeo también. Este mismo lunes Macron acude a reunirse con Trump para intentar convencerle de que no puede convertirse él también en un títere de Putin. Por su lado, von der Leyen sigue reiterando el apoyo incondicional de la UE en pleno anuncio del paquete número 16 de sanciones a Rusia, además de ayuda financiera y logística para Ucrania.
Alemania vuelve al campo de juego
¿Será suficiente para convencer a los 27? Con la victoria en Alemania de la CDU y el convencimiento de su líder, Merz, de extender la mano a Socialdemócratas para construir una coalición robusta con soporte de los Verdes, quizás estemos más cerca de cerrar verdaderas filas en torno a la defensa europea, como ocurrió con el coronavirus o los fondos de recuperación Next Generation, emitiendo una deuda mancomunada. Se echaba de menos a Alemania como motor de la UE y la participación masiva en estos comicios ha manifestado la preocupación por la guerra.
Todo ello, sin perder de vista el auge de la extrema derecha en toda la UE que beneficia solo a Trump y a Putin. En Alemania, Alternativa por Alemania, ha obtenido la segunda posición en número de votos. En el Parlamento Europeo, un 25% de sus escaños lo ocupa la extrema derecha. Recordemos que estos partidos comulgan con la idea de la eurofobia, la xenofobia, o la vuelta a las fronteras intercontinentales, entre otras barbaridades anacrónicas.
Un muro a la ultraderecha
Más que nunca, y así lo ha entendido el líder derrotado alemán socialdemócrata, Scholz, hay que pensar en la política de grandes coaliciones que genere un cordón sanitario a la ultraderecha. Merz ya ha sido claro en este aspecto confirmando que jamás se aliará con Alternativa por Alemania. España podría tomar ejemplo.
En España, ni el PP, ni el PSOE parecen estar dispuestos, ni siquiera ante la guerra de Ucrania donde sus posiciones son idénticas, a limar asperezas y el coqueteo con Vox, o con la extrema derecha catalana, como es Junts, dejan mucho que desear. La alarma es inminente. La urgencia es indiscutible. Toca ser responsables y defender a Ucrania, y a toda la Unión.
