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En el corazón de Alcalá de Guadaíra se encuentra el Parque de Oromana, un espacio natural que combina el frescor de un pinar con la riqueza histórica de las riberas del río. Para los vecinos es simplemente «Oromana», un lugar al que acudir a caminar, descansar o jugar, pero también un símbolo de identidad local que forma parte del Monumento Natural Riberas del Guadaíra.
El parque ocupa una superficie de unas 180 hectáreas en la margen izquierda del río, justo al lado del casco urbano. Sus senderos sombreados, que serpentean entre pinos, álamos y fresnos, se han convertido en un refugio para quienes buscan escapar del bullicio sin salir de la ciudad. A lo largo del año acoge tanto a paseantes como a ciclistas y deportistas, y es escenario habitual de actividades educativas y excursiones escolares.
Uno de sus mayores atractivos son los molinos harineros que salpican la ribera. Alcalá fue conocida durante siglos como la «panadera de Sevilla», ya que el trigo de la campiña se molía aquí para abastecer a la capital. Aunque muchos de aquellos molinos se encuentran en ruinas, varios han sido restaurados y permiten imaginar cómo era la intensa actividad de estas orillas, marcadas por el sonido constante del agua moviendo las piedras de moler.
En lo alto del parque se encuentra la ermita de San Roque, desde la cual se obtienen algunas de las vistas más espectaculares de Alcalá. Desde este punto elevado, el visitante puede contemplar el río, el bosque de pinos y, al fondo, el castillo medieval que domina la ciudad. No es casualidad que los pintores de la Escuela Paisajística de Alcalá eligieran estos rincones como escenario de su obra: Oromana fue musa de lienzos que hoy forman parte del patrimonio artístico andaluz.
El parque también es un espacio de ocio familiar. Recientemente se han instalado áreas de juegos infantiles de diseño exclusivo, adaptadas al entorno natural y pensadas para integrarse con los senderos. Además, cuenta con merenderos, zonas recreativas y un hotel histórico —el Hotel Oromana, construido en 1929 con motivo de la Exposición Iberoamericana de Sevilla— que refuerza el carácter cultural y turístico del entorno.
Otro de los valores de Oromana es su biodiversidad. Entre sus árboles habitan aves propias de las riberas mediterráneas, como garzas o martines pescadores, junto a pequeños mamíferos y reptiles que encuentran refugio en este corredor verde. El río, pese a las presiones urbanas e industriales que ha sufrido, sigue siendo un eje vital para la fauna y flora de la zona. Su recuperación en las últimas décadas ha permitido que Alcalá reivindique este espacio como un lugar de encuentro entre naturaleza y ciudad.
