El inicio de una guerra abierta entre Pakistán y Afganistán ha quedado confirmado en la madrugada de este viernes tras los bombardeos lanzados por Islamabad sobre Kabul y otras zonas del país vecino. Mientras el Gobierno paquistaní asegura haber causado al menos 133 bajas entre combatientes talibán en la operación denominada «Ira de la Verdad», las autoridades afganas reconocen ataques en su capital y en provincias como Kandahar y Paktia, aunque niegan víctimas en Kabul y elevan a 55 los soldados paquistaníes muertos en enfrentamientos en la frontera.

La escalada se produce en un contexto de tensión creciente entre ambos países y supone uno de los episodios más graves desde la llegada de los talibán al poder en Afganistán en 2021. El ministro de Información paquistaní, Ataulá Tarar, informó de que los contraataques continúan activos y detalló la destrucción de más de 80 tanques, piezas de artillería y vehículos blindados, así como 27 puestos talibán y la captura de otros nueve.

Por su parte, el portavoz del Gobierno afgano, Zabihulá Muyahid, confirmó que «el cobarde ejército paquistaní ha bombardeado algunos lugares de Kabul, Kandahar y Paktia», aunque sostuvo que «nadie ha resultado herido» en la capital. Sin embargo, el Ministerio de Defensa afgano sí reconoció la muerte de ocho militares propios y 13 civiles heridos en un ataque con misiles contra un campo de refugiados en Nangarhar, entre ellos mujeres y niños.

Combates en la Línea Durand

Horas antes de los bombardeos sobre Kabul, las autoridades talibán habían anunciado operaciones contra «bases e instalaciones paquistaníes a lo largo de la Línea Durand», la frontera de 2640 kilómetros que separa ambos países. Según Kabul, los combates se prolongaron durante cuatro horas y cesaron a medianoche por orden del jefe del Estado Mayor del Emirato Islámico.

En ese balance provisional, Afganistán cifra en 55 los soldados paquistaníes muertos y asegura haber capturado dos bases y 19 puestos militares. Islamabad, sin embargo, no ha confirmado esas cifras.

El ministro de Defensa de Pakistán, Jawaya Asif, calificó la situación como una «guerra abierta» y acusó a los talibán de haberse convertido en «aliados de India». «Nuestra paciencia se ha agotado», afirmó en redes sociales, defendiendo que la respuesta militar se produce tras intentos de agresión contra territorio paquistaní.

Un conflicto en un contexto ya tenso

La ofensiva se enmarca en una relación bilateral marcada por la desconfianza y los reproches cruzados. Kabul denunció días atrás ante el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas bombardeos ejecutados por Pakistán contra supuestos campamentos del grupo Tehrik-i-Taliban Pakistan (TTP) y de Estado Islámico, en respuesta a recientes atentados suicidas en suelo paquistaní.

La frontera común, especialmente en las provincias orientales y sudorientales de Afganistán como Paktika, Khost o Nangarhar, es desde hace años escenario de enfrentamientos esporádicos y acusaciones mutuas de apoyo a grupos armados.

La declaración explícita de «guerra abierta» por parte de Islamabad eleva ahora el conflicto a una nueva dimensión, con implicaciones regionales en un área estratégicamente sensible para Asia Central y el sur del continente. La comunidad internacional observa con preocupación la evolución de los acontecimientos ante el riesgo de una mayor desestabilización en la región.