En lo alto de un cerro del casco antiguo de Utrera se alza uno de los grandes tesoros patrimoniales de la campiña sevillana: el Castillo de Utrera, también conocido como la alcazaba. Aunque muchos lo identifican como un simple vestigio amurallado, lo cierto es que se trata de una fortaleza con raíces medievales que desempeñó un papel estratégico en la defensa del territorio durante siglos.

Las primeras referencias documentales del castillo datan de 1246, en tiempos de Alfonso X el Sabio, aunque su origen se asienta sobre estructuras islámicas anteriores. La fortificación formó parte del sistema defensivo de la frontera castellano-nazarí y sufrió episodios bélicos relevantes, como su destrucción en 1368 por las tropas del rey nazarí Muhammed V de Granada. Posteriormente fue reconstruido, aunque tras la conquista definitiva de Granada en 1492 perdió su función militar y comenzó un largo periodo de abandono.

Uno de los elementos más reconocibles del conjunto es la Torre del Homenaje, que aún domina el perfil urbano y permite entender la disposición defensiva del recinto. Las murallas de tapial, adaptadas a la topografía del cerro, muestran la técnica constructiva característica de la época y evidencian las sucesivas reformas que experimentó la fortaleza. Desde 1985 está protegido como Bien de Interés Cultural, lo que garantiza su conservación y puesta en valor como parte esencial del patrimonio histórico andaluz.

En los últimos años, el Ayuntamiento de Utrera ha impulsado trabajos de consolidación y recuperación que han permitido reabrir el recinto al público en distintos periodos del año. El castillo puede visitarse en horarios establecidos, ofreciendo a vecinos y turistas la oportunidad de recorrer su interior y disfrutar de vistas panorámicas sobre la ciudad y la campiña. Esta reapertura ha convertido al enclave en un punto clave de las rutas culturales por Utrera.