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En pleno centro de Sevilla, a escasos metros de la Encarnación y de la transitada Plaza Ponce de León, se esconde uno de los edificios históricos más desconocidos para muchos sevillanos: el Palacio Ponce de León. Tras una fachada sobria, este inmueble concentra más de seis siglos de historia y constituye un ejemplo singular de cómo el patrimonio puede adaptarse a los nuevos tiempos sin perder su esencia.
El palacio fue construido a finales del siglo XIV como residencia de la familia Ponce de León, uno de los linajes nobiliarios más influyentes en la Sevilla medieval. A lo largo de los siglos, el edificio experimentó diversas transformaciones que incorporaron elementos renacentistas y posteriores reformas del siglo XIX. Esta superposición de estilos convierte al inmueble en un auténtico testigo de la evolución arquitectónica de la ciudad.
Uno de los espacios más destacados es su logia renacentista del siglo XVI, con columnas de mármol y decoración clásica, que constituye uno de los rincones más fotogénicos del conjunto. También sobresale la escalera imperial decimonónica y distintos artesonados de madera que han sido restaurados en sucesivas intervenciones. El palacio quedó unido con el vecino Convento de los Terceros Franciscanos, formando un complejo monumental de gran valor histórico y artístico.
En la actualidad, el edificio alberga la sede social de EMASESA, la empresa metropolitana de aguas de Sevilla. Lejos de quedar cerrado al público, el conjunto ofrece visitas guiadas gratuitas en determinados periodos del año, previa reserva. Durante el recorrido se pueden conocer patios históricos, dependencias rehabilitadas y espacios que normalmente permanecen fuera del circuito turístico habitual.
La rehabilitación integral del conjunto en el siglo XX fue especialmente relevante y recibió reconocimiento europeo por la conservación del patrimonio. Gracias a estas actuaciones, el Palacio Ponce de León no solo mantiene su valor histórico, sino que se ha integrado en la vida administrativa contemporánea de la ciudad sin perder su identidad.
