- El edificio del siglo XVII que guarda uno de los patios más bellos y desconocidos de Sevilla
- Del Imperio romano a la Sierra Norte: siete de los pueblos más fascinantes de Sevilla que no te puedes perder
En plena Sierra Norte de Sevilla, a las afueras de Constantina, se alza el Monasterio de Nuestra Señora de los Ángeles, un lugar que combina silencio, tradición y una historia tan desconocida como sorprendente. Hoy La Carlina, su segundo nombre, es un monasterio de clausura donde se elaboran algunos de los dulces artesanos más buscados de la provincia, aunque durante décadas, el también conocido como fue un palacio privado con un pasado singular y controvertido.
De palacio aislado a refugio de un jerarca nazi
Antes de convertirse en monasterio, la finca de La Carlina fue un palacete construido a mediados del siglo XX en un entorno aislado y privilegiado. Durante años fue residencia de Léon Degrelle, dirigente belga vinculado al nazismo que se exilió en España tras la Segunda Guerra Mundial.
Degrelle vivió en esta finca durante parte de su exilio, aprovechando el aislamiento del enclave, rodeado de monte y lejos de grandes núcleos urbanos. Aquel edificio, conocido entonces como un palacio privado en mitad de la sierra, poco tenía que ver con el uso que tiene hoy.
Con el paso del tiempo, la propiedad cambió de manos hasta que fue adquirida por la comunidad de monjas jerónimas, que transformaron completamente el espacio y le dieron un nuevo sentido.
Una segunda vida: silencio, clausura y trabajo artesanal
Desde 2009, La Carlina es un monasterio de clausura donde las monjas jerónimas desarrollan una vida contemplativa basada en la oración y el trabajo. Uno de los pilares de esa vida es su obrador monástico, donde elaboran dulces artesanales siguiendo recetas tradicionales.
Entre los productos más conocidos destacan las yemas, pestiños de miel, pastas artesanas, tortas, mazapanes, bocaditos de almendra y chocolates, además de mermeladas elaboradas de forma artesanal. La producción es limitada, cuidada y completamente alejada de procesos industriales.
Un contraste que define al lugar
El contraste entre el pasado del edificio y su uso actual es uno de los aspectos que más sorprende a quienes conocen La Carlina. Un espacio que fue símbolo de aislamiento y poder personal es hoy un lugar de recogimiento, trabajo silencioso y tradición gastronómica.
Ese cambio radical de significado convierte al monasterio en uno de los enclaves más singulares de la provincia de Sevilla: no solo por sus dulces, sino por la historia que se esconde tras sus muros.
A día de hoy, La Carlina sigue siendo un lugar poco conocido fuera de Constantina y su entorno. No es un espacio turístico al uso, pero sus dulces han traspasado fronteras locales gracias al boca a boca y a quienes buscan productos auténticos con historia.
