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En pleno centro de Sevilla, a escasos metros de la Catedral, Bodeguita Romero se ha consolidado como uno de esos establecimientos que no necesitan presentaciones. Un local al que muchos acuden cuando buscan comer bien, sin artificios ni complicaciones, con una propuesta basada en el producto, la tradición y una carta coherente.
Las opiniones de quienes pasan por sus mesas coinciden en una idea recurrente: es un sitio al que se vuelve. «Tapas y platos para compartir, producto de calidad y una carta bien pensada», resume uno de los clientes, que destaca además la buena relación calidad-precio y la solera del local, algo especialmente valorado en una zona tan transitada de la ciudad.
La cocina de Bodeguita Romero apuesta por sabores conocidos y ejecuciones cuidadas. Entre los platos más citados por los comensales se encuentran la ensaladilla de gambas, la carrillada y las tostas de sardina o arenque, auténticos clásicos de la casa. A ellos se suman propuestas como las papas aliñás, el montadito de pringá, la morcilla, el bacalao confitado o los boquerones en escabeche, además de pescados y mariscos fuera de carta que muchos describen como «excelentes y preparados a la perfección».
Más allá de la cocina, el trato del personal aparece de forma recurrente en las valoraciones. «Personal muy amable» y «ambiente cercano y familiar» son expresiones habituales entre quienes destacan el factor humano como uno de los motivos para repetir. Algunos clientes mencionan incluso detalles concretos del servicio que refuerzan esa sensación de cercanía y profesionalidad.
El ambiente es el de una tasca tradicional, con bullicio y vida, algo que los habituales asumen como parte de la experiencia. «Hay ruido, claro, es una tasca», apunta un comensal, «pero sin duda es mi sitio imprescindible en Sevilla».
La propuesta gastronómica de Bodeguita Romero se mueve entre lo clásico y lo bien hecho, sin pretensiones innecesarias. Jamón ibérico de bellota, guisos tradicionales y una carta que respeta la cocina de siempre conforman una oferta que no busca sorprender, sino cumplir.
