En el estadio Estadio de La Cartuja de Sevilla, Selección Española de Fútbol firmó un empate 2‑2 frente a Selección de Turquía de fútbol que le bastó para certificar la clasificación al Mundial de 2026. A pesar de que el marcador puede parecer modesto, el partido volvió a mostrar la solidez del bloque español en una fase clave.
España arrancó con una intensidad alta y logró adelantarse pronto gracias al tanto de Dani Olmo, lo que permitió que la ofensiva del equipo desplegara su juego con comodidad. Pero Turquía reaccionó y encontró su camino al gol, con el gol de Gul poniendo en jaque el equilibrio del partido.
Tras el descanso, el combinado turco adelantó su línea y logró ponerse por delante, con un buen tanto de Ozcan, obligando a España a redoblar esfuerzos. Fue entonces cuando entró en escena Mikel Oyarzabal para igualar de nuevo, restableciendo ese equilibrio emocional y táctico que caracteriza al equipo.
Con este resultado España no solo asegura su pasaporte mundialista, sino que también mantiene el invicto en la fase de clasificación, un mérito que refuerza su condición de favorita. La clasificación ya está realidad, y el equipo deja un mensaje de solidez y ambición.
Desde el pitido inicial, España mostró una intensidad ofensiva clara, presionando a Turquía en su salida y buscando los espacios en banda. Esa agresividad temprana dio fruto cuando Dani Olmo, bien situado en el interior, recibió un pase en profundidad, controló y batió al portero turco para poner el 1‑0 en los primeros minutos.
Con la ventaja, la Roja no bajó el ritmo: su ofensiva continuó generando oportunidades, mientras que la defensa mantenía un nivel de equilibrio admirable, rehuyendo contras peligrosas. El control de balón y la verticalidad equilibrada fueron la clave de esos primeros veinte minutos.
Turquía, sin embargo, no se resignó. Con transiciones rápidas y centros al área generó inquietud, y en un saque de esquina logró el empate justo antes del descanso. Ese tanto de Gul rompió la racha de cero goles encajados por España en la fase, y su supuesta solidez se puso a prueba.
El 1‑1 al descanso dejó el partido abierto y provocó un cambio de escenario: España debía volver a demostrar su carácter. El reto estaba servido: mantener el dominio, recuperar el equilibrio táctico y afianzar el camino hacia la clasificación.
La segunda mitad arrancó con una Turquía más decidida. Aprovechando una pérdida de España en el medio, los turcos maniobraron rápido y lograron el 2‑1 mediante Özcan, que definió ante la salida del portero. La selección española se vio obligada a recomponerse.
La Roja respondió con calma. Ajustó su línea defensiva, recuperó piezas clave en el mediocampo y retomó su ofensiva, buscando el equilibrio entre control y verticalidad para no dejarse llevar por el nerviosismo. La sensación era que aún tenía margen para imponer su estilo.
A los 61 minutos, España volvió a empatar gracias a Mikel Oyarzabal, quien aprovechó un rebote dentro del área y mandó la pelota al fondo de la red. Un gol que restituyó la solidez del equipo y recuperó la moral suficiente para encarar el tramo final con confianza.
El tramo intermedio del segundo tiempo mostró una España más madura: más pausada, más precisa en el pase y más protectora en la defensa. Mantuvo el equilibrio entre atacar y vigilar atrás, consciente de que el pase ya estaba muy cerca.
En los minutos finales, España gestionó el partido con profesionalidad. No se lanzó en bloque ofensivo, sabedora de que el punto la llevaba al Mundial. Su capacidad para mover el balón con criterio y mantener líneas compactas fue una muestra de equilibrio colectivo.
La selección turca intentó con centros, balones parados y presión alta, pero la solidez defensiva española junto a la gestión del tiempo por parte de los jugadores evitó sobresaltos. Unai Simón realizó varias paradas decisivas, contribuyendo al objetivo colectivo.
Aunque España no buscó el tercero con la urgencia de otras veces, su ofensiva seguía siendo una amenaza latente y eso obligó al rival a no relajarse. La combinación de posesión, presión moderada y lectura de partido fue lo que marcó la diferencia.
Con el pitido final, España celebró no solo el pase al Mundial sino también la continuidad de su racha invicta en la fase de clasificación. Un logro que refuerza la ambición del equipo, la estabilidad del proyecto y la convicción de cara al gran objetivo: el Mundial 2026.
