Desamiantados de confianza en Sevilla

Para quienes crecieron en bloques levantados entre los años 60 y los 2000, puede que un enemigo discreto haya formado parte de su día a día sin que lo supieran: las bajantes de fibrocemento. Se trata de esas tuberías que, casi como las raíces de un árbol, recorren las entrañas de los edificios de arriba abajo. Aunque durante décadas fueron la opción predilecta por su innegable resistencia y bajo coste, hoy sabemos que en realidad esconden un riesgo de salud nada despreciable. La amenaza se vuelve aún más preocupante si recordamos que el amianto, ese componente que antaño parecía casi mágico, puede terminar resultando mortal si entra en nuestros pulmones como un polizón microscópico. Resulta esencial informarse sobre el tema, y es por eso que existen recursos especializados como los de la global del amianto, donde se comparte información clave y soluciones adaptadas a comunidades preocupadas.

¿Qué son exactamente las bajantes de fibrocemento y por qué son un riesgo?

Las bajantes y tuberías de fibrocemento, esos viejos conocidos de la fontanería de mucho inmueble antiguo, no parecen peligrosas a simple vista. De hecho, su aspecto grisáceo no las delata en absoluto. Sin embargo, lo preocupante en realidad está oculto en sus entrañas: el amianto. Si bien a menudo es complicado que los vecinos reconozcan estas instalaciones, conviene recordar que la mayoría de las bajantes de las edificaciones de esa época incluyen este material. Algo que parece tan cotidiano (como bajar agua sucia) puede acarrear problemas mucho mayores.

La composición del material: cemento y amianto

El arte detrás del fibrocemento no era precisamente un secreto; combinaba cemento Portland, agua y, sobre todo, fibras de amianto. Este último representaba un 10 a 15% del peso total, bastante más de lo que la gente se imagina hoy. Las fibras, casi siempre de tipo crisotilo, potenciaban la dureza y la persistencia del material frente al desgaste de los años. Detrás de casi cada bajante de este tipo, nombres como Uralita o Eternit dejaron su firma. Para las administraciones y empresas del sector, la presencia de amianto era una cuestión de rutina, aunque ahora la visión haya cambiado radicalmente.

El peligro real: la inhalación de fibras

Ahora bien, la verdadera amenaza no yace en el material bien conservado sino en lo que ocurre cuando se fragmenta. Imagina fibras tan pequeñas que pueden flotar en el aire como el polvo y, sin que se note, respirar profundamente esas partículas. A largo plazo, eso es lo verdaderamente alarmante: la exposición repetida a fibras de amianto puede abrir la puerta a enfermedades que ni los más fuertes desearían afrontar.

El panorama sanitario es serio y, ciertamente, sobrecogedor. Al inhalar amianto, hay muy variadas y terribles consecuencias, pero las más destacadas son:

  • Asbestosis: Una afección pulmonar de esas que ahogan poco a poco.
  • Cáncer de pulmón: Que afecta con mucha más frecuencia a quien estuvo en contacto con amianto.
  • Mesotelioma pleural: Una versión extremadamente agresiva de cáncer, casi siempre fatal, y de pronóstico muy complicado.

Frente a semejante amenaza, son cada vez más las comunidades que recurren a la sustitución de bajantes de fibrocemento para poner remedio definitivo.

¿Cuándo se vuelve peligrosa una bajante con amianto?

Es fácil imaginar el peligro únicamente cuando la situación se ve crítica, pero en realidad el riesgo siempre está latente, aunque cambiante. El paso de los años juega, muchas veces, en nuestra contra. Sin embargo, el estado de la bajante y cómo se trate ese material marcan toda la diferencia: no es igual contemplar una bajante intacta que intervenirla con herramientas poco apropiadas. A veces, basta una reforma improvisada para desencadenar el problema.

El riesgo del deterioro y la manipulación

Los peligros aumentan de manera especial cuando la bajante sufre algún percance, ya sea por el paso del tiempo, por humedad constante o por impactos inesperados. El peligro es mucho mayor incluso si alguien decide manipular o retirar el material sin autorización o sin medidas de seguridad. El coste puede pagarse durante años y la amenaza no distingue entre quien trabaja en la obra o quien simplemente vive en el bloque. Entre las situaciones más arriesgadas podemos encontrar:

  1. Obras y reformas: La simple acción de taladrar o romper puede desatar una tormenta de fibras invisibles.
  2. Impactos accidentales: Hasta un golpe puede abrir grietas y poner el amianto al descubierto.
  3. Retirada inadecuada: Las prisas, la ignorancia o la economía raramente justifican saltarse los protocolos de seguridad.

Identificación y desconocimiento: un problema añadido

Como si fuera poco, la identificación del problema complica las cosas. Mucha gente no tiene ni idea de si sus bajantes son de fibrocemento o de un material inofensivo moderno. La pérdida de documentos de obra o el simple desconocimiento general hacen que, sin querer, muchas comunidades compartan un peligro que nadie se atreve a ver ni a afrontar.

¿Qué dice la ley y cómo actuar de forma segura?

La legislación española, aunque clara, solo exige intervenir cuando el riesgo se hace evidente o la bajante ya no cumple su función. Casi como si la ley fuese un árbitro que solo pita la falta cuando la jugada es peligrosa de verdad. Por sentido común, la intervención, siempre en manos de expertos, resulta imprescindible. Nadie quiere despertar la tormenta de fibras y arriesgarse a sanciones o consecuencias peores.

Normativa vigente sobre el amianto en España

El Real Decreto 396/2006 pone las cartas sobre la mesa: solo las empresas inscritas en el RERA pueden tocar el amianto. Cualquier otra actuación, por muy bien intencionada que sea, no solo es ilegal sino también un riesgo innecesario para todos los habitantes del edificio y sus trabajadores.

¿Puedo retirar yo mismo un bajante de fibrocemento?

Definitivamente, la respuesta es no. Ni el sentido común ni la ley lo permiten. Ningún particular puede manipular este material por sí mismo: sería como jugar a la ruleta rusa, pero con la salud de toda la comunidad en juego.

Procedimiento correcto para la retirada

El proceso de retirada de estas bajantes recuerda a operaciones quirúrgicas delicadas: aislamiento total de la zona, protección individual máxima para los operarios, control ambiental exhaustivo y una gestión meticulosa de los residuos. Estos pasos, lejos de ser excesivos, constituyen la única vía efectiva para erradicar este peligro silencioso sin poner en jaque la salud de vecinos y trabajadores. En suma, vivir de espaldas al problema no lo hace desaparecer. Solo prestando atención real, confiando en profesionales acreditados y evitando soluciones improvisadas se consigue devolver la seguridad a nuestras viviendas. No lo dudes: ante posibles bajantes de fibrocemento, informarse y actuar a tiempo puede marcar la diferencia entre la tranquilidad y un riesgo evitable.