- Cartela de Koch en el Laboratorio Municipal de Sevilla (1)
- Calle Doctora Vieira Fuentes
- ‘Calle Mastrucio’
(Continuación) Pero algo empieza a cambiar en su vida cuando en 1880 y gracias a sus logros científicos es nombrado asesor gubernamental en la Oficina Imperial de Salud en Berlín, y tiene a su disposición para trabajar un buen laboratorio y notables ayudantes (Loeffler o Gaffky, entre otros). Con todos estos recursos consigue preparar cultivos puros de bacterias en medios sólidos, como la papa y el agar, que guarda en unas placas planas inventadas en 1877 por su ayudante y colega Julius Petri, y que resultan más cómodas y efectivas que la campana de cristal que había utilizado hasta entonces; sí, es la misma placa Petri que todavía se usa en los laboratorios, formando parte de lo que se conoce en el inventario como “material de vidrio”.
Koch, cazador de bacterias: Tuberculosis (1882)
En estas condiciones descubrió a la bacteria causante de la tuberculosis -la Mycobacterium tuberculosis, de ahí el epónimo de esta bacteria, “Bacilo de Koch”-, responsable de una de cada siete muertes a mitad del siglo XIX, y cuyo aislamiento anunció el 24 de marzo de 1882 en la Sociedad Fisiológica de Berlín. Un descubrimiento que revolucionó el tratamiento de esta enfermedad y por el que fue ascendido a un alto cargo ejecutivo en junio de ese año, siendo enviado al año siguiente a Egipto al frente de la Comisión Alemana del Cólera para investigar un brote de cólera en ese país. Aquí trabajó con un equipo francés pasando después a la India donde, a los pocos meses, aisló e identificó la bacteria causante de la misma, la ‘Vibrio cholerae’. Destacar que Koch no fue el primero en aislarla e identificarla, antes lo fue por otros investigadores, pero sí el primero que por su preeminencia científica le dio una difusión mundial con el consiguiente y general beneficio salutífero. Por cierto, un siglo después del anuncio de su descubrimiento, el 24 de marzo de 1982 era declarado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Unión Internacional contra la Tuberculosis y las Enfermedades Pulmonares (IUATLD, por sus siglas en inglés), como Día Mundial de la Tuberculosis; desde entonces cuarenta y tres años han transcurrido, como quien dice, media vida humana.
Koch, cazador de bacterias: Tuberculina (1890)
A partir de 1885 recibió varios nombramientos, como administrador, profesor y catedrático de Higiene de la facultad de medicina de la Universidad de Berlín, pasando a convertirse en director del recién creado Instituto de Higiene donde tuvo la suerte de contar con colegas de la categoría científica de P. Ehrlich, E. von Behring o S. Kitasato. Durante este período Koch volvió a sus trabajos sobre la tuberculosis y, tratando de encontrar un remedio, descubrió lo que parecía ser el primer producto eficaz para su curación, una preparación a base de cultivos de bacilos tuberculosos que llamó tuberculina. Un extracto filtrado del que realizó dos preparaciones diferentes, tuberculina antigua (1890) y nueva (1896), sin que ninguna de ellas llegara a cumplir las expectativas depositadas en ellas como tratamiento, además de crear una enorme controversia al ser presentadas en el Congreso Médico Internacional de Berlín en 1890. Vamos que fue un fracaso terapéutico seguido de un escándalo sanitario.
Fracaso porque la tuberculina, un derivado proteico purificado (PPD) del cultivo esterilizado de la ‘Mycobacteriumtuberculosis’, si bien cuando se anunció produjo una gran alegría y fue considerado un gran avance médico, pronto se evidenció, no ya que no era la cura efectiva esperada sino que tenía efectos secundarios graves e, incluso, podía causar la muerte de algunos pacientes. De ahí el escándalo en el congreso de 1890 cuando fue presentada. Sin embargo, todo tiene su lado bueno, con el tiempo las investigaciones sobre ella, a pesar de su fracaso inicial, sentaron las bases para posteriores desarrollos médicos que condujeron al descubrimiento de la estreptomicina y la vacuna BCG. Asimismo, si bien su valor curativo fue más que decepcionante, la tuberculina ha demostrado ser una herramienta valiosa para el diagnóstico temprano de la tuberculosis, existiendo en la actualidad una prueba cutánea, conocida como prueba de Mantoux, para detectar la infección por esta bacteria.
Por último, aunque este fracaso trajo ciertas complicaciones en el desarrollo profesional de Koch – en 1891 tras los incidentes reseñados, la ineficacia del tratamiento era más que evidente, y la investigación de Koch fue descreditada en al menos algunas de sus conclusiones-, el impacto de todo su trabajo llevó a la creación en 1891 del Instituto de Enfermedades Infecciosas en Berlín, que más tarde se convertiría, en su honor, en el Instituto Robert Koch, dedicado a la investigación de enfermedades infecciosas. (Continuará)
