Ubicado en pleno Parque Natural de la Sierra Norte de Sevilla, el castañar de Constantina es uno de esos rincones sorprendentes que pocos esperan encontrar en la provincia. Y es que el castaño no es un árbol frecuente en esta zona, lo que convierte este enclave en un pequeño bosque singular dentro del paisaje serrano. Además de los castaños presentes en Constantina, existen algunas manchas menores en Cazalla de la Sierra y ejemplares aislados repartidos por otros puntos del parque, pero ninguno con el encanto y la extensión del de Constantina.

La presencia del castaño aquí se explica por un microclima muy concreto. Este árbol necesita temperaturas suaves y una elevada humedad, condiciones poco habituales en la Sierra Norte. Sin embargo, en el término de Constantina encuentra su espacio ideal en la zona norte del municipio, entre los 600 y los 800 metros de altitud, donde las umbrías y la orientación de los valles generan las condiciones óptimas para su desarrollo. Este detalle lo convierte en un auténtico «bosque fuera de lugar», una rareza botánica en medio de un entorno dominado por encinas y alcornoques.

Aunque el castaño fue introducido en la península Ibérica por los romanos, no llegó a la Sierra Norte de Sevilla hasta la Edad Media, tras la conquista cristiana. Desde entonces, su presencia ha permanecido limitada y muy fragmentada. En Constantina aparece distribuido en pequeñas masas de alrededor de una hectárea, mezclado en algunos casos con alcornoques, quejigos, robles melojos y un estrato arbustivo que aporta aún más diversidad. En las zonas donde este matorral está bien desarrollado, el entorno acoge además una fauna muy interesante, con especies como el meloncillo, las culebras bastarda y de collar y el lagarto ocelado, que encuentran refugio en este ecosistema tan característico.

El castañar no es solo un espacio natural de gran valor, sino también un recurso tradicional dentro del aprovechamiento forestal del Parque Natural. Su gestión varía según el destino del árbol: cuando se orienta a la producción de fruto, se prioriza el porte y la vitalidad; mientras que los ejemplares destinados a la obtención de varas presentan un aspecto mucho más reducido. Estas varas, utilizadas tradicionalmente para sacudir los olivos durante la recolección, proceden de las llamadas matas de castaño, cepas que pueden alcanzar hasta cuatro metros de diámetro y que generan varetas alrededor. La extracción se realiza en turnos de cinco años y mantiene aún un carácter artesanal. En épocas pasadas también se aprovechó su madera para vigas, elementos de construcción e incluso tonelería.

Visitar este lugar tan especial es sencillo y está al alcance de cualquiera. El acceso es completamente libre y la mejor manera de recorrerlo es siguiendo el «Sendero de Los Castañares», una ruta circular de siete kilómetros que rodea la zona principal del bosque. El camino parte del camino de las Erillas, al final de la calle del Venero, ya dentro del casco urbano de Constantina. Es una ruta cómoda, muy agradable y especialmente recomendable durante el otoño, cuando el bosque se cubre de tonos ocres y dorados que convierten el paisaje en un espectáculo natural.