Trabajar un fin de semana en Tussam «se ha convertido en una auténtica batalla». Así resumen desde CSIF la situación que vive la plantilla de la empresa municipal de transportes, un escenario que, lejos de ser puntual, se ha cronificado ante lo que el sindicato describe como «una falta de planificación crónica» por parte de la dirección y del Ayuntamiento de Sevilla.
Según denuncia la sección sindical, los últimos fines de semana han vuelto a poner al límite al personal de conducción, obligado a soportar «niveles de estrés inasumibles» por la sobrecarga de eventos que se acumulan en la ciudad: procesiones, carreras populares, manifestaciones y todo tipo de actos culturales o festivos. Una programación intensa que, sostienen, no cuenta con una previsión adecuada en materia de transporte público.
CSIF alerta de que esta saturación provoca «desvíos constantes, aumento del número de usuarios y colapso del servicio, ante la insuficiencia del número de autobuses previstos». El resultado es el de siempre: retrasos, trayectos interminables y un clima de tensión que se traslada a los conductores, que en demasiadas ocasiones son víctimas de «comportamientos agresivos» por parte de usuarios desesperados.
El sindicato recuerda que «los conductores también son personas», con derecho a finalizar su jornada y descansar como cualquier otro trabajador. Sin embargo, la desorganización y la falta de medios siguen recayendo sobre ellos, convirtiéndolos en el último eslabón de un sistema que no funciona.
El desbordamiento no se limita al volante. El Centro de Control, responsable de gestionar incidencias en tiempo real, tampoco dispone del personal necesario: «sin suficientes controladores, sin personal de incidencias para cubrir imprevistos y sin mecánicos en el coche taller», denuncian. Las averías, lejos de ser anecdóticas, llegan a representar «más del 50% de la jornada», paralizando aún más el servicio.
Esta situación prolongada está afectando seriamente a la salud laboral de la plantilla, con un incremento de casos de síndrome de burnout. Una señal inequívoca de que el problema no es puntual, sino estructural.
Mientras tanto, la ciudadanía soporta largas esperas y autobuses masificados, pese a pagar por un servicio que debería funcionar sin sobresaltos. La crítica sindical es directa: la falta de una planificación realista tiene consecuencias para toda la ciudad, y son los trabajadores quienes están amortiguando el impacto.
Ante este panorama, CSIF reclama a la dirección de Tussam y al Ayuntamiento de Sevilla un giro urgente en la gestión: «una planificación realista y eficaz de los servicios de fin de semana, un refuerzo de personal en todas las áreas afectadas y medidas concretas para proteger la salud física y mental de los trabajadores».
El sindicato recuerda que la profesionalidad de la plantilla es la que mantiene en pie el transporte público cada día. «Es hora de que la empresa y las instituciones correspondan con respeto, recursos y condiciones dignas: sin trabajadores no hay servicio», concluyen.
