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Las calles de Cañada Rosal se iluminarán este viernes con una estampa muy diferente a la de otros lugares: decenas de melones tallados en lugar de calabazas. Los conocidos como ‘farolillos de melón’ volverán a brillar durante la noche de Halloween gracias a una tradición centenaria que los vecinos del municipio han querido mantener viva.
La iniciativa ha sido organizada por la Asociación Las Crujientes, que este jueves celebró un taller intergeneracional junto a los mayores de la residencia local, quienes compartieron con los niños cómo era esta costumbre en su infancia. «Nos contaron sus vivencias de cuando eran pequeños y sacaban los farolillos de melón por las calles», explica el Ayuntamiento en una nota de prensa.
Esta noche, las niñas y niños de Cañada Rosal recorrerán el pueblo disfrazados, combinando los dulces de Halloween con la tradición local de Todos los Santos, en la que los melones tardíos —aquellos frutos que ya no servían para la venta o el consumo humano— se transformaban en pequeñas lámparas artesanales.
El origen de los ‘meloncillos’ se remonta a los colonos centroeuropeos que fundaron Cañada Rosal a mediados del siglo XVIII. Hasta los años 60, las familias del municipio tallaban estos frutos del huerto para crear farolillos que los niños exhibían por las calles al caer la noche.
Con esta recuperación, el Ayuntamiento y las asociaciones locales buscan mantener viva una parte de la identidad cultural del pueblo, transmitiendo a las nuevas generaciones una tradición tan original como entrañable. Este viernes, Cañada Rosal no solo celebrará Halloween, sino también su particular homenaje a la memoria y la creatividad popular que, en lugar de calabazas, prefiere melones para alumbrar la noche más mágica del año.
