La cuadrilla que trabaja en el pago de Los Pozos la forman cinco bancos con trabajadores migrantes - Carmen González
La cuadrilla que trabaja en el pago de Los Pozos la forman cinco bancos con trabajadores migrantes - Carmen González

Mayra Alejandra Sánchez es colombiana y lleva unos tres años en España. Trabaja en todas las campañas agrícolas de Sevilla, aunque junto con su pareja, Jan Ríos, también sale fuera. «Cualquier lugar donde haya trabajo», dicen. En estos días, están en Arahal, contratados para hacer la campaña de verdeo por Antonio Cortés Balbuena, propietario de una empresa que presta servicios agrícolas. Tiene seis cuadrillas de migrantes ya asentados en España trabajando en distintos municipios. En la cuadrilla de Arahal hay de cinco países diferentes. «No nos ha quedado otra porque la cosecha hay que cogerla y el campo está sin trabajadores como está pasando en otros sectores», afirma.

Cada año empeora la empleabilidad en la campaña de verdeo. En Arahal, considerada la cuna de la aceituna de mesa por su producción, en la actual temporada buscan alternativas. «Estos trabajadores vienen de la empresa Expocitrus Invernalia S.L., tienen cuadrillas con trabajadores de distintos países en todas las campañas agrícolas», explica Antonio Cortés. Y presume de lo bien que le va con ellos. «Sólo tienes que ver lo rápido que recogen las aceitunas».

El empresario lleva toda la vida en el campo, procede de una familia de agricultores de Arahal. Desde hace un tiempo, se ocupa de la tierra de otros agricultores durante todo el año, es decir, se dedica a prestar servicios agrícolas en función a las necesidades de las cosechas del campo. En la actualidad, está de lleno en la campaña de verdeo. Esta semana, concretamente, trabaja en el pago de Los Pozos situado junto al camino de los Puertos en término municipal de Arahal. Pero también tiene tajos abiertos con cuadrillas repartidas por Mairena del Alcor (Rancho Los Mellados), Arahal (además de en el pago Los Pozos, también en el de Ramírez y en otra zona por las carretera de Morón de la Frontera), y Cantillana (Cortijo El Noble).

«Este año trabajar está duro»

En estos emplazamientos, están distintos encargados, a los que llama continuamente por teléfono. Ellos se ocupan de dirigir cada cuadrilla de trabajadores y les informan de cómo está la cosecha por esas zonas, cuántos trabajos han acudido ese día, si están dispuestos a trabajar el sábado. Cuando empieza la campaña, el objetivo es recoger cuanto antes las aceitunas en verde, para el consumo en mesa. Todo lo que no se recoge a tiempo, se queda para la campaña de molino, incluso, a veces, el agricultor decide dejarla madurar y convertirla en aceite.

Mayra Alejandra Sánchez es colombiana y está con su pareja en España desde hace 3 años – Carmen González

En el pago de Los Pozos, Antonio Cortés tiene trabajadores de cinco países diferentes: Colombia, Senegal, Marruecos, Nicaragua y Guinea. El encargado en esta cuadrilla es colombiano y de su país hay más representación en el tajo. Se llama José Arley Salazar y llegó a España hace cuatro años y medio. Vive en la Macarena y vino a Sevilla a visitar a parte de su familia que estaba ya asentada en la ciudad.

«Mis tías y primas estaban aquí y me encantó Sevilla. Ahora ya tengo novia pero echo mucho de menos a la otra parte de la familia que se quedó en Colombia». Su novia, también colombiana, trabaja en Oviedo pero «viene para acá». Gracias a su trabajo está consiguiendo asentarse en España donde, de momento, quiere vivir. «Nos vamos acomodando poco a poco, ya hemos comprado un carrito». Pero cuando se refiere a los trámites necesarios para quedarse definitivamente en el país, asegura que «conseguir la documentación es complicado».

José Arley cuenta que este año «está duro» conseguir trabajadores para las campañas agrícolas porque «las hacemos todas». Él mismo tiene permiso de trabajo hasta febrero, «tengo la tarjeta roja», dice. Se refiere al documento provisional expedido por Extranjería que acredita a los solicitantes de protección internacional que su petición está siendo procesada, proporcionando un permiso temporal de residencia y, tras seis meses, permiso de trabajo. El mismo documento que tienen la mayoría de los componentes de esta cuadrilla menos Cristian Camilo Bedoya, de origen colombiano también. Él llegó a España hace 15 años, tenía 14, «me trajo mi madre y he hecho mi vida aquí».

Añoranza

Cristian Camilo y su compañero, William Henau -dos años en España- recogen aceitunas al son de una cumbia, danza de origen colombiano. Cristian dice que le encanta Sevilla «soy medio sevillano y estoy enamorado de una chica de Huelva que estudia en la Universidad». Su situación en España es diferente porque, después de 15 años en Sevilla, su arraigo está consolidado. Hasta se le ha suavizado el acento pero es alegre y asegura que le encanta vivir en esta ciudad.

Para William Henau, también vecino del barrio de la Macarena, la ciudad es «muy hermosa» pero sigue añorando los llanos colombianos porque él procede de Casanare, uno de los treinta y dos departamentos de la República de Colombia. Desde que pudo obtener permiso de trabajo, se afana en todas las campañas agrícolas. Lleva colgada la radio desde la que se oyen las letras que hablan de amor de la cumbia y, aclara, «es música de mi país».

Antonio Cortés Balbuena tiene una empresa de actividades agrícolas – Carmen González

Muy cerca está Maher Lachhab. Hace cinco años se vino de su país, Marruecos. Y su compañero (prefiere no decir el nombre) procede de la capital de Guinea, Conakry. Tiene 28 años y es el noveno año que pasa en España y cuenta que siempre ha trabajado en las campañas agrícolas por toda Andalucía, especialmente Jaén. «Nunca había estado en Arahal, hasta ahora», concreta. Este guineano tiene a la mayor parte de su familia repartida entre España (5 hermanos en Valencia) y Francia (2 hermanos). Fue lo que lo motivó a salir de su país, desde entonces no ha parado de buscarse la vida y el campo es, de momento, su mejor opción.

La pareja Mayra Alejandra Sánchez y Jan Ríos llevan unos tres años en España y, en la actualidad, viven en Burguillos. Sin dejar de recoger aceitunas cuentan sus sueños. «Queremos montar una empresa que exportará café de Colombia, ya estamos tramitando la patente de la selladora para poder venderlo en este país», dice Jan. Mientras, trabajan en todas las campañas agrícolas que surgen. «De aquí nos vamos a la naranja, patatas, ajos, incluso cerezas en Plasencia».

Para ambos el trabajo no es sólo para mantenerse sino para pensar en el futuro. «No se puede derrochar, hay que adaptarse pero también poder emprender y pensar en el futuro», dice Jan. Aunque a ambos les resulta difícil estar lejos de la familia. «En nuestro país se quedaron nuestros dos hijos y los papás, pero estando nosotros acá tiene mejor calidad de vida. Uno se sacrifica para poder sostenerlos en Colombia, los hijos tienen más oportunidades para estudiar».

Hay otros trabajadores repartidos por los olivos, de Senegal, Nicaragua y Marruecos que prefieren no hablar ante los medios de comunicación. Se mueven con destreza entre los olivos y huyen de las cámaras. Callan pero no paran. Y, parece, dice Antonio Cortés que llevan «toda la vida recogiendo aceitunas».