Feria Seda Molares 2025

Imagina por un momento una villa de la campiña sevillana, atravesada por callejuelas polvorientas, con sus puertas abiertas al comercio desde un lejano siglo XV, y un castillo que domina el horizonte. Ahora imagina que, durante dos días de otoño, todo retrocede como si el tiempo fuese una ilusión. Eso es lo que pasará este fin de semana en Los Molares, que revive su historia con la Feria de la Seda en 2025.

Aunque el evento se celebra los días 4 y 5 de octubre, la programación ya sirve como hilo conductor para hacer palpitar el pasado. En ese mismo espíritu, en la web de la feria se recoge el antiguo «albalá» (documento real) concedido por Enrique IV el 30 de mayo de 1465, mediante el que se otorgaba a Los Molares el privilegio de tener una feria franca anual en octubre, para «siempre jamás». Aquel documento yace lejos en los archivos, pero su eco se percibe ahora en los pasacalles, en las piezas de teatro y en los mercados de época.

2025: un viaje a Jerusalén… y a los sentidos

La edición 2025 tiene una dedicatoria especial: conmemorar el V centenario del viaje a Jerusalén de Fadrique Enríquez de Ribera, marqués de Tarifa y conde de Los Molares. Esa línea le da un matiz exótico y evocador que atraviesa buena parte de la programación, como una cuerda sutil que conecta Oriente y Occidente, sedas, aromas y rutas históricas.

Así, no es mera decoración medieval: habrá paseos en dromedarios y camellos, reata de burros, ponis, mercado con expositores de paños y sedas, talleres de artesanía (tejeduría, alfarería, escritura antigua) y exhibiciones de cetrería, captura del vuelo del halcón y rapaces.

Pero lo más fascinante son esos momentos en que la fantasía invade las calles: pasacalles nocturnos con orcos, demonios, duendes; espectáculos de fuego frente al porche de la iglesia; cortejos de damas y caballeros que evocan cortes reales. En la noche del domingo, la feria se cierra justo con esos fuegos desde el castillo, que parecen querer fundir pasado y presente.

Programación completa

Para quienes quieran vivir la jornada completa, aquí va un itinerario sugerido basado en la programación oficial:

Sábado 4 de octubre

  • Desde las 11:30 h, abre el mercado de época y arranca la inauguración con cortejo por la Calle Real (zancudos, cabezudos, gaitas).
  • Por la tarde se alternan visitas libres al castillo con teatralizadas (17:00 a 21:30 h), y pasacalles diversos: bufones, cuervos, giras‐copio, etc.
  • A las 19:00 h se celebra un torneo a caballo (carrera de cintas)
  • Ya entrada la noche: concierto barroco, espectáculo de fuego, más pasacalles nocturnos hasta la madrugada.

Domingo 5 de octubre

  • La feria arranca de nuevo desde la mañana (11:00 h) con nueva apertura del mercado y visitas al castillo.
  • A media tarde, teatro infantil, concurso de trajes de época (inscripciones hasta una hora antes)
  • Más pasacalles, otro torneo ecuestre a las 19:00 h, espectáculos teatrales callejeros, música sefardí («Voces de Sepharad»)
  • La clausura finaliza con pasacalles «Lume» (brujas, demonios) y los fuegos artificiales desde el castillo (alrededor de las 23:00 h)

Durante ambos días también habrá talleres continuos:

  • Tejeduría artesanal
  • Escuela de escribanos / instrumentos de escritura antigua
  • Sastrería / herretes / patrones
  • Modelado de alfarería
  • Fabricación de jabón de glicerina aromática
  • Exhibiciones de tiro con arco (domingo)
  • Exposición de indumentarias históricas
  • Y muchas sorpresas más entre calle Real y plazas principales.

Curiosidades y anécdotas para fijarse

Una de las particularidades más llamativas de la Feria de la Seda es la posibilidad de descargar en el móvil una audioguía para realizar la visita libre al castillo. Además, los menores de 12 años pueden entrar gratis si van acompañados de un adulto, lo que abre la puerta a que muchas familias se animen a redescubrir la fortaleza como un lugar de encuentro entre generaciones.

El concurso de trajes de época es otra de las grandes atracciones, y lo curioso es que no limita la imaginación de los participantes a la nobleza medieval. En él caben tanto personajes históricos como criaturas fantásticas, brujas, duendes o híbridos inventados que dan un toque de frescura y creatividad a la recreación histórica. Basta con inscribirse hasta una hora antes y dejarse llevar por la inspiración de las telas, los colores y las formas.

Durante los dos días, la feria convierte los monumentos locales —la iglesia, el porche, las calles empedradas— en escenarios teatrales vivos que caminan junto al visitante. Los figurantes no se limitan a desfilar, sino que interactúan con el público, sorprendiéndolo con improvisaciones inesperadas que hacen que cada paseo sea distinto, incluso aunque uno recorra las mismas calles. Es como entrar en una obra de teatro sin guion, donde cada esquina guarda una sorpresa.

No obstante, los organizadores recuerdan que los horarios podrían ajustarse sobre la marcha, ya que la coordinación de espectáculos, pasacalles y talleres requiere una precisión casi coreográfica. Ese pequeño margen de improvisación forma parte también del encanto de la feria, que mantiene a los visitantes atentos y expectantes.

Y para quienes no viven en Los Molares, incluso el trayecto se convierte en parte de la experiencia: algunos distritos de Sevilla, como Los Remedios, han organizado autobuses para trasladar a los vecinos hasta la feria. El sábado 4, por ejemplo, habrá un viaje que saldrá a las 17:30 horas desde el Centro Cívico El Tejar del Mellizo y regresará en torno a las 22:30. Así, hasta el viaje de ida y vuelta se suma a ese aire colectivo de excursión festiva, donde el pasado se reencuentra con el presente a golpe de tambor, seda y fuego.

Por qué no es «solo otra feria medieval»

Lo mágico de esta edición es cómo mezcla la realidad histórica con la narrativa simbólica. Tener como tema el viaje a Jerusalén conecta sedas, rutas mediterráneas, memoria cultural y exotismo, no como una mera ambientación de cartón, sino como un relato subyacente que recorre los pasillos del mercado, los vuelos de las aves de rapiña y los fuegos nocturnos.

También es un ejercicio de memoria colectiva. Aunque la feria original desapareció en el siglo XVII, la reconstrucción moderna aspira a recuperar no solo el comercio sino el sentido social: el cruce de gentes, la artesanía local, el diálogo entre lo antiguo y lo presente.

Para quienes disfrutan de lo sensorial, es un festín: texturas de telas antiguas, aromas de jabones, el choque visual de luces y sombras en la piedra del castillo, el eco de trompas y tambores en las callejuelas. Y para los curiosos de la historia, resulta encantador ver cómo se rescatan oficios que casi se olvidan: tejeduría, herretes de botones, escritura con pluma antigua.