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El Real Betis consiguió rescatar un empate cerca del final del partido ante un Nottingham Forest que los arrolló en el primer acto con una remontada muy veloz, pero que luego se encerró y dio lugar a que mediante los cambios y la insistencia, los de Pellegrini encontraran la manera de igualar el marcador.
Arrancó el choque en La Cartuja con el guion previsto, el Real Betis presionaba alto al Nottingham Forest, pero estos no se arrugaban, proponiendo un fútbol ofensivo a pesar de las dificultades planteadas en la salida de balón. La permisividad arbitral calentó el ambiente desde en el inicio, con el conjunto inglés empleándose con una dureza innecesaria en varias ocasiones. En este contexto complicado, al filo del cuarto de hora, fue el Betis quien golpeó primero. Desde la zaga, Valentín Gómez filtró un pase magistral para Bakambu, quien, tras una pared de tiralíneas con Antony, se plantó en el área y definió con la frialdad de un ‘killer’ para desatar la locura en la grada.
Poco duró la alegría verdiblanca. La reacción del Forest fue inmediata y letal, un auténtico vendaval que silenció Heliópolis en menos de diez minutos. Primero, en el 18, una triangulación de ensueño del ataque inglés culminó con un centro raso de Gibbs-White que Igor Jesús empujó a la red. Sin tiempo para asimilar el golpe, el propio delantero brasileño se erigió en el héroe de los suyos al cabecear a la red un saque de esquina botado por Douglas Luiz, ganándole la partida a Natan y certificando una remontada fulminante.
El doble mazazo dejó al Betis completamente noqueado, a merced de un rival que se adueñó del centro del campo con las figuras de Anderson y Douglas Luiz. Los ‘Tricky Trees’, con una colocación impecable y faltas tácticas, anularon cualquier intento de reacción local. El asedio era total, y el tercero pudo llegar en un remate de Hudson-Odoi que se estrelló milagrosamente en el poste. El pitido del colegiado señalando el descanso fue la mejor noticia para un Betis superado, que se marchaba al vestuario con un resultado adverso pero con la sensación de que la herida pudo haber sido mucho más profunda.
La reanudación trajo consigo una declaración de intenciones por parte de Manuel Pellegrini, quien movió el banquillo con un triple cambio buscando agitar un partido que se le escurría entre los dedos. Pese a adueñarse del esférico, el Real Betis se topó con un muro. El Nottingham Forest, bien replegado y tácticamente impecable, ahogaba cada intento de construcción local. El juego bético, previsible y horizontal, solo encontraba alguna fisura a través de balones largos hacia los extremos, un recurso insuficiente para desmantelar la sólida defensa inglesa, que se mantenía firme y recuperaba con solvencia cada vez que los verdiblancos merodeaban el área.
La clave del cambio de guion fue la intensidad. El Betis saltó al césped con una energía renovada, aplicando una presión asfixiante tras pérdida que cortocircuitó la comodidad del Forest. En este nuevo escenario, las sustituciones del «Ingeniero» resultaron determinantes. La entrada de figuras como Marc Roca, Roro Riquelme y Ricardo Rodríguez aportó frescura y criterio, mientras que en la sala de máquinas, un imperial Sofyan Amrabat se erigía como el pulmón del equipo, recuperando balones incansablemente para dar oxígeno y una nueva oportunidad a los suyos. El esfuerzo físico era titánico, y aunque el dominio era total, faltaba la chispa final, el desmarque de ruptura que rompiera el cerrojo visitante.
Cuando el encuentro agonizaba y el empate parecía una quimera, la fe y la perseverancia encontraron su recompensa. Corría el minuto 85 cuando una jugada embarullada, nacida de la insistencia de varios suplentes, acabó con un centro forzado de Marc Roca desde la línea de fondo. Como un rayo, apareció desde la derecha Antony, el «Iluminado», para remachar el balón al fondo de la red y desatar la locura en el Villamarín. El gol fue un premio al coraje de un equipo que nunca se rindió y a la visión de un Pellegrini que acertó de pleno con sus cambios, rescatando un punto que supo a gloria y que fue forjado a base de pura convicción colectiva.
