Las máquinas de demolición trabajan ya sobre la cubierta de la grada de Preferencia del Estadio Benito Villamarín, retirando en estos momentos una estructura icónica para los aficionados béticos. Este visible avance en la transformación del estadio contrasta con la confirmación de una noticia menos positiva: la estancia del club en La Cartuja se prolongará más de lo esperado.
Aunque el objetivo inicial era regresar a La Palmera para el inicio de la temporada 2027-2028, los retrasos acumulados en el inicio de las obras han resultado en un calendario menos optimista. El propio presidente del club, Ángel Haro, ha reconocido la situación: «Algún mes que otro tenemos ahora en la demora, pero hasta que no tengamos cerrada completamente la obra con la constructora no podemos determinar si vamos a tener que echar unos meses más en La Cartuja». Con la demolición completa prevista ahora para mediados de noviembre, la estancia fuera de casa se extenderá de manera inevitable.
Este contratiempo no frena la ambición de un proyecto que transformará por completo la casa verdiblanca. La demolición actual es el paso previo a la reconstrucción total de Preferencia y al levantamiento de un imponente edificio anexo que albergará un hotel, comercios, restaurantes y una clínica deportiva.
El complejo será una pieza clave para el futuro económico de la entidad. Las previsiones del club apuntan a que el nuevo estadio generará unos 61 millones de euros anuales, el doble de los ingresos actuales. Gran parte de este salto se deberá a la triplicación de las localidades «Premium», que pasarán de 1.200 a 3.600.
Para el Real Betis y sus aficionados, el sacrificio temporal en La Cartuja supondrá un beneficio que, según el club, va a marcar un antes y un después en su historia.
