César Azpilicueta fue presentado oficialmente como nuevo jugador del Sevilla FC rodeado de una atmósfera cargada de ilusión. Desde el primer instante mostró su compromiso de poner su experiencia al servicio del club y del equipo. «Desde que llegué la acogida ha sido muy positiva… Tengo ganas de competir, el grupo humano es muy bueno y tiene ganas de revertir la situación», afirmó, reflejando una auténtica responsabilidad hacia la plantilla y la afición.

La llegada de Azpilicueta no fue fruto del azar. Pese a contar con ofertas del Villarreal, Getafe e incluso clubes europeos, rechazó esas opciones para apostar por un rol protagónico en Nervión. Prioriza su aportación en el campo y en el vestuario, dejando claro que su elección fue motivada por el deseo de ayudar, no solo físicamente, sino también desde la experiencia que lo define como líder.

Con 36 años de edad y habiendo jugado en grandes clubes como Chelsea o Atlético de Madrid su bagaje le otorga una posición de referente. En su presentación, subrayó su disposición a jugar «en cualquier posición de la defensa», una muestra de su polivalencia y mentalidad de equipo. Está decidido a aportar desde múltiples frentes y sumarse al proyecto con humildad y profesionalidad.

Azpilicueta no llega a Sevilla para buscar protagonismo personal, sino para ejercer liderazgo con el ejemplo. Destaca que «ojalá el día que me vaya estemos mejor que hoy»: una frase que resume su voluntad de trabajar desde la constancia y la aportación positiva en cada entrenamiento y en cada partido. Esa es su manera de asumir la responsabilidad en un vestuario bastante joven, al que puede aportar experiencia, equilibrio y dirección.

El defensa navarro también recalcó su voluntad de jugar lo máximo posible, siempre respetando las decisiones del cuerpo técnico. Su compromiso queda patente en cada declaración: «Ojalá jugar lo máximo posible yo vengo a aportar dentro y fuera», señaló con cohesión. Su enfoque está en mejorar colectivamente; su ilusión se fusiona con la de la afición, y su llegada provoca esperanza en una plantilla necesitada de estabilidad.