La afición sevillista vivió una derrota amarga la noche del 25 de agosto de 2025, tras un partido intenso y lleno de oportunidades que el Getafe resolvió con mayor claridad. El marcador final acabó 1‑2 en favor del equipo madrileño, que aprovechó mejor sus momentos clave para llevarse los tres puntos del Sánchez‑Pizjuán.
Desde el inicio, el Sevilla mostró intensidad y ambición. Tras el pitido inicial empezaron los golpes de ambos equipos, hasta el minuto 15, donde Adrián Liso adelantó al Getafe aprovechando una falta de contundencia defensiva local. El partido se volvió un intercambio constante de llegadas, con un Sevilla que buscaba la igualada con insistencia, pero sin eficiencia en la última acción.
A pesar de todo, el Sevilla logró restablecer el empate justo antes del descanso. Un desafortunado propio gol de Juan Iglesias en el minuto 45 puso el electrónico en tablas. Fue un golpe psicológico importante: el marcador decía 1‑1, pero el ambiente en el estadio, lejos de calmarse, se tiñó de nerviosismo por la sensación de que el Sevilla tenía más iniciativa, pero continuaba sin definir.
La segunda mitad elevó aún más la intensidad. El Sevilla apretó y buscó el gol que diera la vuelta al partido, pero en el minuto 51, el escenario se torció: Adrián Liso, de nuevo, encontró el camino hacia el gol tras una combinación ofensiva acertada del Getafe. Ese 1‑2 fue un jarro de agua fría para los aficionados nervionenses, que respaldaban con fuerza el ímpetu de los suyos desde la grada.
Con el marcador en contra, el Sevilla redobló esfuerzos. El partido se volvió vibrante y cargado de tensión: llegadas por banda, centros peligrosos, balones colgados al área y frecuentes interrupciones por faltas o interrupciones… la intensidad aumentó, pero el gol del empate nunca llegó. El Sevilla lo intentó por todas las vías, especialmente mediante jugadas desde la línea media que buscaban penetrar la sólida defensa azulona.
El árbitro finalizó el encuentro después de siete minutos de añadido, dejando un sabor amargo. Los jugadores locales abandonaron el campo cabizbajos, conscientes de que habían entregado una derrota en casa que duele, especialmente frente a un rival que supo golpear en los momentos decisivos del partido.
La derrota deja al Sevilla en una posición comprometida en la tabla, con cero puntos en dos jornadas y sin haber logrado todavía sumar una victoria, en contraste con un Getafe que ya ha logrado dos triunfos consecutivos. La sensación general es de frustración: el equipo mostró intensidad, dominó en fases del partido, pero fue incapaz de concretar y lo pagó caro.
Ahora, el Sevilla tiene ante sí la necesidad de recuperar la confianza y la efectividad lo antes posible. Esta derrota, aunque dura, debe servir para afianzar reflexiones tácticas y recuperar ese espíritu ganador que tantas alegrías ha dado a la afición sevillista en Nervión.
