Aún no había amanecido cuando la Puerta de Palos de la Catedral comenzó a abrirse para recibir a los primeros fieles. Desde las cinco de la madrugada, devotos llegados desde todos los rincones de la ciudad -y más allá- acudieron a la Santa Iglesia para participar en las misas previas a la salida procesional de la Virgen de los Reyes, Patrona de Sevilla y su Archidiócesis en este 15 de agosto de estrenos.

El cortejo, fiel a la solemnidad de cada año, se organizó con la Banda Sinfónica Municipal abriendo paso, seguida por los carráncanos, hermanos de la asociación, coral, Cabildo Catedralicio y autoridades civiles, militares y eclesiásticas. Todo estaba dispuesto para el momento esperado. A las 8:00 horas, las campanas de la Giralda comenzaron a repicar y la Puerta de Palos se abrió para mostrar el paso de la Virgen de los Reyes, mientras sonaba el himno nacional y la emoción recorría la plaza.

La procesión estuvo marcada por dos estrenos que atrajeron la mirada de todos. Por un lado, el nuevo palio de tumbilla, réplica del diseño de Juan Talavera, confeccionado en el taller de Santa Bárbara y estrenado el pasado diciembre. Por otro, el histórico manto verde donado por Isabel II en el siglo XIX, que volvía a lucir tras un minucioso proceso de restauración.

El recorrido, que discurrió por la Plaza Virgen de los Reyes, Cardenal Amigo Vallejo, Alemanes, Avenida de la Constitución y Plaza del Triunfo, estuvo acompañado por el canto coral, el aroma del incienso y las tradicionales giros solemnes que la Virgen realiza en puntos señalados para saludar y bendecir.

Poco antes de las diez de la mañana, la Virgen de los Reyes regresaba a la Catedral, donde se celebró la Misa Estacional presidida por el arzobispo José Ángel Saiz Meneses. Así concluyó una mañana en la que Sevilla, una vez más, se volcó con su Patrona, fundiendo tradición y estrenos en un mismo latido de fe.