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A unos veinte kilómetros del casco urbano de Utrera, entre la campiña sevillana y la marisma del bajo Guadalquivir, se levanta una pequeña pedanía que guarda el encanto rural y la calma de los días sin prisa. Trajano, con apenas 800 habitantes, es uno de esos lugares de Sevilla que rara vez aparecen en folletos turísticos, pero que ofrecen experiencias auténticas para quienes buscan una escapada breve y distinta.
Con calles rectas y casas bajas nacidas del proyecto de colonización agrícola de los años 70, la pedanía debe su nombre al emperador romano nacido en Itálica. Hoy, medio siglo después de su fundación, Trajano es un núcleo consolidado y con identidad propia, que cada verano se convierte en refugio para quienes prefieren el frescor del agua al bullicio de las playas abarrotadas.
Una piscina para disfrutar del silencio
La piscina municipal de Trajano es, sin duda, uno de sus mayores tesoros veraniegos. Abierta de martes a domingo de 13:00 a 21:00 horas, esta instalación modesta pero cuidada ofrece algo que cada vez escasea más: tranquilidad. No hay colas. No hay aglomeraciones. Aquí no se reservan hamacas ni se pelea por una sombra. El ambiente es familiar, relajado, casi íntimo.
Además, sus tarifas son sorprendentemente asequibles. Por apenas 3 euros (o 2 euros para menores, mayores o personas con discapacidad), se puede pasar el día entero al sol y al agua. Existen también bonos de 10 días o mensuales, y hasta abonos familiares de temporada por menos de 41 euros. Un lujo rural al alcance de cualquier bolsillo. Este oasis acuático, gestionado por el Ayuntamiento de Utrera, es ejemplo de cómo pequeños pueblos pueden ofrecer servicios públicos de calidad sin perder su esencia.
Una escapada con sabor y sosiego
Trajano no aspira a ser un destino turístico. No tiene monumentos barrocos, ni plazas monumentales, ni restaurantes con estrella. Pero tiene algo más difícil de encontrar: autenticidad. Su piscina invita a desconectar sin irse lejos. Su bar de siempre sirve tostadas que saben a campo. Y sus calles, silenciosas al caer la tarde, conservan un ritmo pausado que muchos han olvidado.
