A poco más de 30 kilómetros al noroeste de Sevilla, en plena comarca del Aljarafe y al pie de Sierra Morena, se encuentra el Embalse del Agrio, más conocido como Pantano de Aznalcóllar. Se trata de un enclave natural ideal para quienes buscan tranquilidad, naturaleza y actividades al aire libre sin alejarse demasiado de la ciudad.

Situado en la confluencia de los ríos Agrio (o Crispinejo) y Cañaveroso, el pantano ofrece aguas plácidas de tonos azules y verdosos que contrastan con el paisaje seco y árido de las colinas cercanas. Su entorno invita a nadar, pescar o simplemente navegar en barca o practicar piragüismo. En las zonas ajardinadas y bajo algunos eucaliptos autóctonos se organizan picnics familiares y jornadas de descanso en grupo.

Este embalse infrautilizado durante décadas ha sido asociado también al desastre medioambiental de 1998 provocado por un vertido minero de la mina cercana de Boliden. A pesar de la gravedad del incidente, desde entonces se ha trabajado en la recuperación ecológica del entorno mediante medidas estrictas de seguridad y restauración ambiental.

Hoy en día, el Pantano de Aznalcóllar cuenta con una superficie considerable (cerca de 278 hectáreas según distintas fuentes técnicas) y actúa como embalse regulador en la cuenca del Guadalquivir, además de tener un importante potencial turístico. Existen planes ya perfilados para transformar parte de este espacio en una piscina fluvial, con embarcadero y restaurante, en el marco de los planes de sostenibilidad presentados ante la Junta de Andalucía.

Algunos usuarios califican este rincón natural como «una playa caribeña» y refuerza esa imagen de calma y frescura ideal para escapar del bochorno urbano. En su descripción destacan el puente sobre el embalse como punto fotográfico emblemático y lugar favorito para el puenting, acompañando actividades como kayak, pesca, paseo en barca o baño en playa fluvial improvisada..