En plena Isla de la Cartuja, muy cerca del antiguo Pabellón de la Navegación, se esconde un lugar casi invisible para el visitante común. Se trata del parque Andalucía de los Niños, un espacio cerrado al público, vallado y cubierto de vegetación, donde aún descansan, deterioradas por el paso del tiempo, maquetas a escala de los monumentos más emblemáticos de Andalucía. Lo que un día fue un parque infantil único, pensado para enseñar el patrimonio andaluz en miniatura, es hoy uno de los rincones más curiosos —y olvidados— del legado de la Expo 92.

Una Andalucía en miniatura

El recinto fue inaugurado en 1996, tras el cierre de la Exposición Universal, con el objetivo de aprovechar los terrenos y despertar el interés de los más pequeños por la cultura. En sus más de 10.000 metros cuadrados se instalaron hasta 72 réplicas exactas a escala 1:33 de lugares como la Alhambra, la Giralda, la Mezquita de Córdoba, el Teatro Romano de Málaga o los molinos de viento manchegos. Todo convivía con zonas de juegos, jardines y hasta un tren en miniatura que recorría el parque.

Durante años fue una excursión habitual para colegios y familias, y ofrecía una forma original y accesible de viajar por toda Andalucía sin salir de Sevilla. Sin embargo, tras varios cambios de gestión, falta de mantenimiento y escasa inversión, el parque cerró definitivamente sus puertas al público en 2008. Desde entonces, ha permanecido como un espacio fantasma en el corazón de la Cartuja.

Una reapertura frustrada y un deterioro evidente

En 2016 se intentó recuperar el recinto bajo otro nombre y con un enfoque más comercial, pero la iniciativa no prosperó. Las instalaciones se deterioraron rápidamente y la concesión fue incumpliendo los usos previstos. Según informes recientes, algunas maquetas están irreversiblemente dañadas y otras cubiertas por maleza.

Ante esta situación, la Junta de Andalucía ha recuperado recientemente la titularidad del espacio y está elaborando un informe técnico para evaluar el coste de una posible restauración. La intención es definir su futuro uso sobre criterios patrimoniales, aunque no se ha anunciado aún ningún proyecto concreto de recuperación.

Un patrimonio invisible

Hoy, quienes pasean por la zona apenas pueden intuir lo que hubo detrás de las vallas. Y sin embargo, la mini Andalucía sigue ahí, dormida, como una postal detenida en el tiempo. Es uno de esos lugares que muchos sevillanos recuerdan con nostalgia y que las nuevas generaciones apenas conocen.

¿Volverá algún día a abrir sus puertas? ¿Se restaurarán las maquetas o se perderán para siempre? Por ahora, este rincón de la Cartuja sigue siendo un espacio olvidado, cargado de historia, esperando una segunda oportunidad.