- La refrescante ruta de senderismo entre molinos, arroyos y sombra a poco más de una hora de Sevilla
- La alternativa a la playa que arrasa en Sevilla: gratis, con arena y sin salir de la provincia
Hay lugares que parecen haber sido sacados de un cuento de hadas. Espacios donde el paisaje no necesita adornos ni filtros porque la naturaleza lo ha dispuesto todo con delicadeza: el rumor del agua, la sombra densa de los árboles, el frescor inesperado de un río que baja claro y limpio entre piedras cubiertas de musgo. Uno de esos lugares existe —y no está en los Pirineos, ni en Galicia, ni en el norte de Italia—, sino en el corazón de la provincia de Sevilla, las Cascadas del Hueznar.
Muy cerca del pequeño pueblo de San Nicolás del Puerto, el río Huéznar se transforma en un espectáculo natural difícil de olvidar. Lo hace en forma de cascadas, pozas y senderos frondosos, rodeados por una vegetación que parece de otro clima. No es un parque acuático, no es una zona recreativa artificial, y tampoco un secreto imposible: es un monumento natural abierto a todo el que quiera conocerlo, caminarlo y respirarlo.
A lo largo de un tramo del río, el agua desciende en pequeñas cascadas formadas sobre travertinos —depósitos de roca caliza generados lentamente por la precipitación del carbonato cálcico— creando paisajes de ensueño que cambian con la luz del día. Las hojas altas de los fresnos, sauces y alisos tamizan los rayos del sol, mientras aves como el martín pescador o el mirlo acuático revolotean cerca del agua. El entorno, protegido por su valor ecológico, es también un refugio para el silencio.
La ruta más habitual para llegar a las cascadas parte del área recreativa de El Martinete, a apenas 2 km del pueblo. Desde allí, una senda sencilla permite adentrarse en el paraje por la antigua vía ferroviaria hoy convertida en la Vía Verde de la Sierra Norte. Es un camino amable, accesible para familias, ciclistas y senderistas sin experiencia, que premia a quien lo recorre con rincones de belleza intacta.
Aunque el baño está prohibido en la zona de las cascadas para proteger su equilibrio, el plan no queda incompleto. A escasos metros, en pleno casco urbano de San Nicolás, el río ha sido acondicionado como zona de baño en la conocida “playa fluvial”, con arena, sombras, merenderos y un pequeño bar donde reponer fuerzas. Es allí donde muchos acaban el día, con los pies en el agua y la sensación de haber descubierto un tesoro escondido.
El verdadero encanto del lugar, sin embargo, no está solo en lo que se ve, sino en lo que se siente. No hay colas, ni bullicio, ni urbanización. Solo el fluir del agua, el frescor en la cara y la certeza de que, a veces, lo extraordinario se encuentra muy cerca. A menos de dos horas de Sevilla capital, sin coste alguno, sin más necesidad que caminar con calma y dejar que la naturaleza haga el resto.
