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Cuando el calor aprieta en Sevilla, hay un nombre que inevitablemente se repite en todos los pronósticos: el pueblo de Écija. Este municipio sevillano, situado en pleno valle del Guadalquivir, es conocido desde hace décadas como «la sartén de Andalucía», y no es una exageración. Sus veranos intensos y secos la convierten en uno de los lugares más calurosos de toda España, con registros térmicos que superan con frecuencia los 45 grados centígrados.
Écija se encuentra en una llanura fértil, pero también cerrada al paso de brisas, con muy poca altitud y un clima continental que amplifica los extremos. En invierno puede hacer frío, pero en verano la ciudad se transforma en un horno de asfalto y cal, donde el calor acumulado durante el día no desaparece del todo por la noche.
La falta de corrientes de aire, la fuerte insolación y las condiciones atmosféricas del valle convierten a la ciudad en un punto negro térmico durante los meses de julio y agosto.
Récords y realidad cotidiana
En los informes de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET), Écija aparece con frecuencia entre las localidades más cálidas de España. No es raro que alcance los 46 o incluso 47 grados durante las olas de calor. En esos días, la actividad en la calle se reduce al mínimo entre las 14:00 y las 20:00 horas, y las persianas bajadas y los ventiladores a pleno rendimiento forman parte del paisaje habitual.
Aunque oficialmente no tiene el récord absoluto de temperatura de España (que sigue ostentando Montoro, en Córdoba, con 47,3 ºC en 2017), Écija presenta una de las medias más altas durante todo el verano, lo que afecta directamente a la vida diaria de sus habitantes. Además, se ha comprobado que es posible freírse un huevo en la calle.
Pese al calor sofocante, Écija no se detiene. Sus vecinos, acostumbrados desde siempre a las temperaturas extremas, han aprendido a convivir con ellas. La arquitectura tradicional, con casas de patios interiores, muros gruesos y calles estrechas, responde a una lógica adaptada al clima. Y en los bares y comercios, las botellas de agua fría y los ventiladores de agua pulverizada son parte del equipamiento imprescindible cada verano.
Además, la ciudad sigue atrayendo visitantes gracias a su importante patrimonio barroco, con torres, iglesias y palacios que resisten estoicamente bajo el sol. También destacan las actividades nocturnas, cada vez más frecuentes, como conciertos, rutas culturales y veladas al fresco.
Écija no solo es noticia por sus grados centígrados: es también un ejemplo de cómo los municipios andaluces se adaptan y resisten al cambio climático. La ciudad trabaja en medidas de climatización urbana, sostenibilidad y concienciación para sobrellevar veranos cada vez más extremos.
Así que si alguna vez te preguntas dónde hace más calor en Sevilla, la respuesta sigue siendo clara: en el pueblo de Écija, la ciudad donde el verano no da tregua y el sol marca el ritmo de la vida diaria.
