Caseta de la Feria de Sevilla. - María José López / Europa Press
Caseta de la Feria de Sevilla. - María José López / Europa Press

Cuando estaba trabajando, al principio de curso nos daban el calendario escolar y lo primero que hacíamos era señalar los puentes, las fiestas locales y sobre todo, las ferias.

Ir de feria en feria significa que está una siempre o casi siempre alegre, de fiesta. Pero aquí en Alcalá usamos la expresión en el sentido literal: vamos a todas las ferias. Desde la primera, la más antigua que es la de Mairena del alcor, la de Sevilla en segundo lugar, la de otros pueblos de alrededor… hasta la de Utrera o Morón, que son ya de las últimas. Bueno, lo que pasa es que hay una excepción. Cuando es feria de Alcalá, nos largamos a la playa. Que si hace mucho calor, que si los estudiantes tienen exámenes… Así llevamos 30 años, dejando la feria más sola que la una. Claro que si la hubiéramos dejado en El Águila…

Y es que hay que ver lo que nos gusta una feria, un jolgorio, una fiesta… Total si la vida son tres días y alguno nublado. Nada, a celebrarlo.

Sin embargo, la expresión «Y cuando no es fiesta» tiene un sentido peyorativo y significa estar de mal humor, ser una esaboría o una malaje, no estar nunca para fiestas o tener siempre la cara larga.

Mejor nos quedamos con lo de la feria, que tiene un sentido más alegre, aunque nosotros somos de disfrutar mucho cualquier tipo de fiesta, ya sea en invierno o en verano, las más íntimas y las más bullangueras, todas nos gustan. Y como cada fiesta tiene su dulce típico, el propio de cada sitio y como nos gusta probarlo, pues empezamos comiendo ya mantecados en octubre y pestiños en enero… Las tortas ya las tomamos todo el año. Los domingos es costumbre tomar calentitos, que para eso es un día festivo… Total que no contéis conmigo para hacer régimen ni ponerme a la línea, que según la moda hay que disfrutar de todo, mientras se pueda.

He de confesar que de chica no faltaba un día a la feria, para subirme a los cacharritos hasta gastar el dinero que me daban. De mayor me gustaban los coches de choques y bailar. Pero nunca me he puesto un traje de flamenca, aunque paseaba a mi amiga que sí se vestía. ¿Cómo iba mi madre a comprar cinco trajes, si no nos hacía un vestido nuevo hasta que llegaba la feria?

Luego, de mayor me llamó la atención el baile por sevillanas. En las discotecas la ponían pero yo no sabía bailarlas. Sólo me atrevía con las rumbas, a mi manera, claro. ¡Cómo me encanta bailar!… Hace unos años que he aprendido flamenco y sevillanas y ahora quiero que mi nieta aprenda también. Por eso, este año la van a vestir de «gitana», con un traje de flamenca.

¡Que la niña es andaluza!

Y el flamenco y las sevillanas son propios de nuestra tierra.

¿Qué sería una feria sin sevillanas?

Pues eso, ahora me toca a mi ir con mi nieta, como cuando era chica, de feria en feria.