En el corazón del Real de la Feria de Abril de Sevilla, entre farolillos, sevillanas y tradición centenaria, se encuentra una caseta que guarda casi cien años de historia: El Machacante, la caseta privada más antigua de cuantas conforman el recinto ferial. Fundada en 1927, esta caseta no solo ha resistido el paso del tiempo, sino que se ha convertido en un símbolo de continuidad familiar y de apego a las raíces sevillanas.

Situada en la calle Joselito El Gallo, El Machacante fue establecida por varias familias de comerciantes que, con la ilusión de crear un espacio propio en la Feria, decidieron unirse para levantar su propia caseta. Desde entonces, son sus descendientes directos —hoy ya tataranietos— quienes se encargan de mantener viva esta tradición que ha sobrevivido guerras, cambios de ubicación de la feria y transformaciones sociales.

El curioso nombre de la caseta tiene su origen en el lenguaje popular: «El Machacante» era el apodo con el que se conocía a la moneda de cinco pesetas, también llamada «duro». Precisamente esa era la cantidad que debían aportar los socios fundadores para formar parte de la caseta, y de ahí tomó su denominación, convertida hoy en marca identitaria.

La caseta cuenta actualmente con 43 socios, y su lista de espera es tan larga como codiciada. Muchos hijos de socios son inscritos desde su nacimiento con la esperanza de, algún día, poder ser miembros de pleno derecho. No se trata solo de un lugar donde reunirse durante la Feria: El Machacante es una herencia, una parte del patrimonio emocional de varias generaciones.

En cuanto a ambiente, El Machacante mantiene el estilo tradicional que caracteriza a las casetas más señeras del Real: decoración clásica, gastronomía andaluza, tertulias, cante y baile hasta bien entrada la madrugada. Sus socios defienden un espíritu familiar y respetuoso con el entorno, alejado de excesos, que ha permitido su perdurabilidad.

Aunque otras casetas como Los Duendes de Sevilla, fundada en 1945, también presumen de una larga trayectoria, El Machacante ostenta con orgullo el título de caseta más antigua de la Feria de Abril. Y lo hace no solo por su fecha de fundación, sino por haber sabido conservar su esencia con el paso de los años, convirtiéndose en un auténtico refugio de historia viva dentro de la gran fiesta sevillana.