La provincia de Sevilla ha alcanzado niveles alarmantes de polen, situándose a la cabeza de España en concentración de polen del olivo y de gramíneas, según la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica. En el sur de la capital, concretamente en la estación del Hospital del Tomillar, se han registrado 5248 granos por metro cúbico de aire, una cifra que multiplica por 25 el umbral considerado como «nivel alto». También encabeza el ranking nacional en polen de gramíneas y se sitúa en segundo lugar en amarantáceas.

El inicio tardío de la polinización del olivo, provocado por la lluvia y las altas temperaturas de los meses anteriores, ha generado un aumento brusco de los niveles de polen, causando síntomas intensos en la población alérgica. Los expertos alertan de que esta tendencia podría continuar, agravada por la humedad y los vientos que transportan el polen desde zonas rurales a las urbanas. Además, la reciente Feria de Abril, en plena efervescencia polínica, supone un reto añadido para los alérgicos, debido al polvo, el humo y la masificación.

Las consultas médicas por alergia se han incrementado notablemente, especialmente por el polen del olivo. La alergóloga Pilar Lara advierte que este año podría ser igual o incluso peor que 2024, con pacientes que presentan síntomas por primera vez. Además, el cambio climático y la contaminación están intensificando la alergenicidad del polen, provocando reacciones más severas y prolongadas. En los primeros meses del año, el polen del ciprés ya había disparado las consultas.

Esta tendencia se refleja en el aumento de pacientes en los principales hospitales sevillanos, donde se ha observado un crecimiento sostenido de las consultas por alergia desde 2022. El ciclo alérgico sevillano incluye el polen del plátano de sombra en marzo, seguido del de gramíneas y olivo entre abril y mayo, lo que genera una exposición casi continua durante la primavera. Las condiciones ambientales actuales han extendido esta problemática a más personas, durante más tiempo y con mayor intensidad.

El tratamiento habitual se basa en antihistamínicos, colirios, corticoides y broncodilatadores, pero los especialistas insisten en la importancia de la prevención. Para pacientes con antecedentes más graves, se recomienda iniciar tratamientos preventivos antes de la aparición de síntomas, e incluso recurrir a la inmunoterapia o vacunas específicas. Esta estrategia no solo mejora la calidad de vida de los pacientes, sino que ayuda a evitar visitas a Urgencias y posibles complicaciones respiratorias graves.