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Visitar Utrera y no probar un mostachón es perderse una dulce parte de su historia. Este dulce típico de Utrera ha trascendido de ser un simple bizcocho plano a convertirse en un símbolo cultural y gastronómico de la localidad. De hecho, los mostachones son considerados una de las señas de identidad de la repostería sevillana y se han vuelto un imprescindible en cualquier ruta de turismo gastronómico en Sevilla. ¿Qué hace tan especiales a estos humildes dulces aplanados? A continuación exploramos su origen conventual, su vigencia actual y algunas curiosidades que despiertan el apetito y la curiosidad del lector.
Los mostachones de Utrera consisten en una masa de harina, azúcar, huevo y canela, a la que a veces se añade un toque de miel. Se cuecen directamente sobre un papel grueso en horno tradicional, lo que les da su forma característica, ligeramente pegados al papel y con un tono dorado por debajo. Sencillos en su composición y aspecto, ofrecen sin embargo un bocado tierno y aromático que tradicionalmente se ha tomado con un vaso de leche o agua fresca
Origen conventual de un dulce histórico
Como muchos dulces andaluces, el mostachón nació al calor de los conventos. Su origen histórico fusiona influencias de diversas culturas: ya en época romana existía un pastel llamado mostaceum, del que deriva su nombre, y más tarde los reposteros andalusíes perfilaron la fórmula de este «bizcocho redondo».
La receta arraigó en Utrera gracias a las monjas Clarisas del convento de Santa María de Gracia, quienes durante el siglo XIX preservaron y transmitieron el secreto del mostachón a manos locales. En 1880, un utrerano llamado José Romero Espejo –empleado de la tahona del convento– decidió llevar este dulce más allá de los muros e inauguró la primera panadería-fábrica de mostachones de Utrera.
A partir de entonces, la elaboración salió del claustro para convertirse en asunto del pueblo: la familia Vázquez, descendiente de Romero, lleva ya cinco generaciones elaborando los mostachones con la misma receta tradicional. La tradición local pronto se transformó en fama regional. La llegada del ferrocarril a Utrera, a finales del siglo XIX, jugó un papel clave en la popularización de los mostachones: los utreranos, ataviados con babis blancos y cestas de mimbre repletas de dulces, ofrecían los mostachones a los viajeros aprovechando las paradas de los trenes
Gracias a ese ir y venir de pasajeros, el nombre de Utrera quedó indisolublemente unido a este bizcocho típico. Ya en 1897 un periódico señalaba cómo el tren situó a Utrera «en el cruce de todas las líneas férreas de Andalucía», difundiendo la fama de sus dulces. Desde entonces y hasta hoy, el mostachón se ha convertido en la insignia de Utrera, un legado dulce que ha perdurado de generación en generación.
Un símbolo gastronómico que perdura
Hoy día, el mostachón de Utrera es mucho más que un recuerdo del pasado: es un elemento vivo de la cultura local, un emblema que la ciudad enarbola con orgullo. Se trata de un producto elaborado aún de forma artesanal y sin prisas, fiel a sus orígenes (sin conservantes ni aditivos, horneado en horno de leña sobre papel de estraza, tal como antaño. La continuidad de esta tradición se debe en gran medida a familias confiteras utreranas, especialmente la saga Vázquez, que ha mantenido intacta la fórmula original desde 1880
Gracias a ese celo, Utrera es conocida como la «Ciudad del Mostachón», y este dulce se ha convertido en “imagen de la ciudad y su mejor embajador” más allá de sus fronteras. No en vano, el mostachón utrerano ha sido reconocido oficialmente como Patrimonio Inmaterial de Andalucía por la Junta de Andalucía, un honor que subraya su importancia en el acervo gastronómico andaluz.
Lejos de caer en el olvido, los mostachones siguen presentes en la vida cotidiana. Siguen siendo un producto apreciado tanto por mayores como por niños, ideal para desayunos y meriendas en cualquier época del año. Su popularidad se refleja en la producción actual: miles de unidades se elaboran a diario para satisfacer la demanda local y también los envíos fuera de Utrera.
Aunque hoy es posible encontrar mostachones en muchas partes de España –incluso en grandes superficies comerciales– los utreranos saben que no hay nada como disfrutarlos en su tierra natal, donde cada bocado sabe a autenticidad. Incluso se está gestando un Museo del Mostachón en Utrera, un espacio donde aprender todo sobre este dulce y su elaboración centenaria. La iniciativa, surgida de la propia familia Vázquez, busca rendir homenaje a la historia del mostachón y atraer a curiosos y golosos a conocerla de primera mano.
¿Dónde degustar los auténticos mostachones?
Para el viajero amante de la repostería andaluza, Utrera es parada obligada. Paseando por su centro histórico es fácil dejarse llevar por el aroma a canela y miel que escapa de las confiterías. ¿Dónde se pueden comprar o degustar hoy día estos dulces? En la Plaza de la Constitución y sus alrededores se concentran varias de las confiterías más tradicionales. La confitería Diego Vázquez, en la plaza del Altozano, es quizás la más emblemática: allí se siguen horneando mostachones cada mañana, junto a otros clásicos locales como las bizcotelas, lenguas de nata o los cortadillos
Pero no es la única: obradores históricos como Confitería Cordero o Confitería Reyes (también en el centro utrerano) mantienen viva la oferta de mostachones, cada uno con su toque particular. En cualquier caso, todas ellas ofrecen al visitante la oportunidad de probar un mostachón recién hecho, esponjoso y fragante, tal y como manda la tradición. También es frecuente encontrar paquetes de mostachones en tiendas de productos típicos de la provincia, e incluso en gasolineras andaluzas, evidencia de lo extendido que está este dulce. Aun así, merece la pena el viaje: su auténtico sabor se disfruta mejor in situ, quizá acompañado de un café en alguna terraza soleada de Utrera.
Curiosidades que endulzan su leyenda
Detrás de los mostachones hay también anécdotas curiosas que han alimentado su leyenda. Cuentan que en la década de 1930 el entonces alcalde de Utrera envió una remesa de mostachones a los célebres hermanos Álvarez Quintero (dramaturgos utreranos), quienes respondieron con humor y agradecimiento en una servilleta: «Llegaron los mostachones y hubo, al hincarles el diente, aplausos y exclamaciones. Vayan gracias a montones por tan sabrosos presentes».
Esta pintoresca muestra de agradecimiento quedó para la posteridad, reflejando cómo incluso las personalidades de la época caían rendidas ante el sabor de Utrera. Otra curiosidad: tal es la vinculación de este dulce con la identidad utrerana que cada año se celebra el Festival Flamenco del Mostachón, un evento cultural que toma prestado su nombre en honor al famoso bizcocho. Y es que en Utrera gastronomía y cultura van de la mano.
En resumen, los mostachones de Utrera combinan sencillez e historia en dosis iguales. Desde los hornos conventuales hasta las confiterías actuales, este dulce típico andaluz ha sabido perdurar como símbolo de tradición y orgullo local. Si visitas Utrera, deja hueco en tu ruta para este manjar humilde y entrañable. Su sabor te contará historias de conventos, de trenes, de abuelas y nietos compartiendo merienda… en definitiva, historias de turismo gastronómico y cultural que hacen de Utrera un destino con mucho dulce que ofrecer. ¡Buen provecho!
