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En una provincia como Sevilla, marcada por un clima mayormente seco y veranos intensos, la presencia de agua en sus pueblos no solo representa un recurso vital, sino también un elemento paisajístico y cultural de gran valor. Pero, ¿cuál es el pueblo de Sevilla que puede presumir de «tener más agua»? La respuesta no es única, ya que depende de cómo se entienda esa abundancia: ¿por ríos, embalses, humedales, nacimientos o superficie cubierta por agua?
Guillena: corazón de los embalses
Si hablamos de capacidad de almacenamiento y abastecimiento, Guillena se lleva uno de los primeros puestos. Este municipio del norte del área metropolitana sevillana alberga el embalse de El Gergal, una de las principales fuentes de suministro para Sevilla capital. Además, muy cerca se encuentra el pantano de Melonares, una gran infraestructura hídrica que también abastece a la provincia. La rivera de Huelva, un afluente del Guadalquivir, recorre sus tierras, y su entorno natural está profundamente vinculado al agua.
La Puebla del Río: donde el Guadalquivir se desborda en vida
Si lo que medimos es la superficie cubierta por agua, La Puebla del Río destaca por su ubicación junto al río Guadalquivir y por acoger parte de las marismas del Guadalquivir. En su término municipal se encuentra el Brazo del Este, una antigua derivación del río que hoy forma un extenso humedal protegido. Estos territorios anegados son esenciales para la biodiversidad, la agricultura (especialmente el cultivo de arroz) y la regulación hídrica del entorno.
San Nicolás del Puerto: nacimientos, cascadas y río vivo
En la Sierra Morena sevillana, San Nicolás del Puerto sorprende por su riqueza en recursos hídricos naturales. Aquí nace el río Huéznar, cuyas aguas forman cascadas, pozas y un ecosistema que atrae a visitantes y senderistas. El nacimiento del río Galindón, sus aguas frías y constantes, y su pequeño pero caudaloso entorno convierten a este pueblo en uno de los más «acuáticos» de la provincia, al menos en cuanto a ríos vivos y accesibles.
Otros casos: aguas ocultas y usos intensivos
Más allá de estos tres ejemplos principales, hay pueblos como Écija o Marchena, que, pese a su aspecto seco y sus altas temperaturas, cuentan con una red importante de acuíferos subterráneos y pozos históricos, esenciales para la agricultura y el abastecimiento. No es agua visible, pero es igual de vital.
