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Los pabellones de la Expo 92 siguen siendo, más de tres décadas después, testigos vivos de aquel año en que Sevilla se convirtió en el epicentro mundial de la innovación y la cultura. Para acoger la Exposición Universal, la ciudad habilitó 215 hectáreas que hoy aún conservan la huella de aquel evento excepcional. Aunque muchas infraestructuras desaparecieron por su carácter efímero, el recinto de la Expo es, sin duda, uno de los que mejor se han conservado y reutilizado en la historia de este tipo de citas internacionales.
A día de hoy, se conservan 32 de los 102 pabellones que participaron en la Expo 92. Muchos de ellos han encontrado una nueva vida dentro del Parque Tecnológico Cartuja, donde conviven con amplias avenidas como la de Europa, la del Agua o la de los Arces, que siguen marcando el trazado de una zona que ha experimentado un gran desarrollo.
Uno de los hitos más visibles del reciclaje urbanístico es Isla Mágica, el parque temático construido sobre los antiguos pabellones autonómicos y el Lago de España, que reutiliza el emblemático pabellón de España.
También sobresale el Pabellón de la Navegación, hoy reconvertido en museo, alrededor del cual ha florecido una intensa actividad urbanística con la Torre Pelli, el CaixaForum y nuevos espacios ajardinados junto al Guadalquivir como muestra del dinamismo de la zona.


El Pabellón de Marruecos es uno de los mejor conservados. Fue construido como permanente por deseo del rey Hassan II y, tras la Expo, se cedió al Estado español. Hoy es la sede de la Fundación Tres Culturas del Mediterráneo.
Otros pabellones han sido reconocidos como Bien de Interés Turístico, como el de Hungría, con sus siete torres en homenaje a las religiones del país. Aunque reabrió como el Pabellón de la energía viva, actualmente está cerrado. El de Finlandia, sede de la Fundación para la Innovación y la Difusión de la Arquitectura, mantiene elementos originales traídos desde el país nórdico. El de Francia, por su parte, es hoy un vivero de empresas gestionado por la Fundación Telefónica.



Especial mención merece el pabellón de la Comunidad Económica Europea, que en 1992 representaba a la Europa de los 12. Hoy alberga las oficinas centrales del Parque Científico y Empresarial Cartuja, heredero de la iniciativa Cartuja 93.
El pabellón de Mónaco conserva aún su acuario original, funcionando ahora como estación de ecología acuática Alberto I de Mónaco. El icónico Pabellón del Futuro, actualmente en rehabilitación, acoge el Archivo General de Andalucía, una antena del Instituto Astrofísico de Sevilla y una reproducción del cohete Ariane 4.



El Pabellón de Italia, el segundo más grande tras el de España, ha sabido resistir al tiempo y es sede de diversas empresas tecnológicas. El de Canadá acoge hoy la Escuela de Organización Industrial (EOI) y el auditorio Box. Por su parte, el de Fujitsu, que deslumbró con su cine 3D y largas colas, es actualmente el Centro de Profesorado de Sevilla, gestionado por la Junta de Andalucía.
Otros espacios también se han reconvertido con acierto. La Plaza de África es hoy sede de la Confederación de Empresarios de Andalucía, y la Plaza de América alberga la Escuela Técnica Superior de Ingeniería.



Y aunque muchas estructuras han desaparecido, algunos emblemas permanecen como símbolos de aquel sueño colectivo. Es el caso de la esfera bioclimática, que, aunque ya no funciona, sigue en pie como un vestigio inconfundible de la Expo 92.
