En el centro de Sevilla, concretamente en el aparcamiento subterráneo de Cano y Cueto, se conserva un elemento singular del pasado medieval de la ciudad: los restos de una tumba judía del siglo XIII o XIV, integrados en el propio recinto del garaje. Este enterramiento forma parte de la antigua necrópolis sefardí que existió en esta zona extramuros de la ciudad amurallada, en las proximidades de la actual Puerta de la Carne y los Jardines de Murillo.

La tumba fue descubierta en los años noventa durante las obras de construcción de este aparcamiento de Sevilla. En lugar de ser trasladada, se optó por dejarla en su emplazamiento original, protegiéndola con una estructura acristalada que permite su visualización. Se encuentra en la plaza número 9 del primer nivel del garaje, junto a una pequeña cartela informativa que explica brevemente su origen y datación, aunque su estado de conservación no es óptimo.

El enterramiento corresponde a un varón judío y se enmarca en el contexto de la comunidad hebrea que habitó en Sevilla hasta su expulsión a finales del siglo XV. La existencia de esta tumba confirma la localización del cementerio judío medieval de la ciudad, que estuvo activo durante al menos dos siglos y del que apenas se han conservado restos materiales.

Hoy, este sarcófago constituye uno de los pocos testimonios arqueológicos visibles de la presencia judía en Sevilla. Aunque se encuentra en un entorno poco habitual para un resto histórico —un aparcamiento moderno—, ofrece una muestra concreta del legado sefardí y de cómo la historia puede aflorar en los lugares más cotidianos.