(Continuación) “Detrás de un gran hombre hay una gran mujer» dice el sesudo tópico español, no del todo incompatible con el irónico anglosajón: “Detrás de un hombre de éxito hay una mujer, ¡sorprendida!”». El primero nos hace pensar, un poco a la antigua, en hombres a los que su mujer les “libra” de la carga doméstica para que puedan concentrarse en su importante quehacer; el segundo lo hace, más bien, en aquellos otros a los que, gracias a la magia de la política o la lotería de la democracia o la de la vida, se les aparece un puesto con un cargo que supera con creces los pronósticos y previsiones más optimistas. Las más optimistas digo, incluidas las de su propio partido (qué le voy a decir que no sepa o intuya), la propia mujer (lo qué no sepan ellas) o su misma madre, que ya es decir (madre no hay más que una). Con lo que, visto lo visto, puede que haya hasta dos mujeres sorprendidas u otros tantos detrás, que ya le digo no es este el caso ni por asomo, no en vano hablamos de un carmonense de pro, como científico y como hombre.
Manuel Losada Villasante (1929). Juventud y madurez
Entre sus numerosos éxitos profesionales se encuentra haber conseguido la fotosíntesis del amoníaco, así como una serie de estudios sobre proteínas de algas partiendo de nutrientes inorgánicos y sirviéndose de la luz solar como única fuente de energía. Diferentes sistemas bioquímicos de conversión de energía (bioenergética), metabolismo intermediario y su regulación, biofotoelectrolisis del agua, asimilación del nitrato y demás bioelementos primordiales, energetización del fosfato, bioconversión de la energía solar y biotecnología de microalgas. Un interés cargado de curiosidad que se ha movido de la ciencia básica a la aplicada, de la naturaleza biológica a la tecnología genética, de la indagación en fotosíntesis a los avances en inmunoterapia, siempre siguiendo el proceso por el que las plantas convierten la materia inorgánica en orgánica, gracias a la energía solar. No en vano el profesor Losada está considerado como ‘padre de los estudios bioenergéticos’ en España. Una especie de doble metáfora, investigadora y periodística, acerca de hacia donde nos llevan los nuevos tiempos: una la tendencia de la ciencia, en este caso de la botánica a la biomedicina; y otro el cambio de formato de la prensa en el último cuarto de siglo, del papel, la celulosa, a las nuevas tecnologías cibernéticas. Sirva de sencilla prueba de lo que le digo estas líneas que tiene ante sus ojos, perdone la prescindible autocita.
CITIUS, un centro diferente. Lava-biberones automatizado y …
Y del científico, de nuevo estamos de vuelta en el extraordinario edificio universitario pues además está en posesión de un robot lava-biberones automático de alta eficiencia ergonómica, de los que hay muy pocos en suelo patrio y no es un asunto menor, como lo lee. O sea que no está nada mal el CITIUS, máxime si le añadimos la gran cantidad y distinta naturaleza de las instalaciones y equipos asociados que alberga, que esa es otra, y tanto. Va desde calderas de vapor, sistema de producción de agua osmotizada y control centralizado-automatizado de operaciones; hasta quirófano experimental dotado de monitorización anestésica y recuperador de agua para el uso de autoclaves; pasando por las diferentes áreas especializadas de trabajo con animales. Sin abundar en estas últimas, sepa que las hay destinadas a la generación de animales modificados genéticamente; congelación de embriones; experimentación y mantenimiento de mamíferos convencionales limpios; o mantenimiento, cría y experimentación de anfibios, reptiles y peces. Sin olvidar que estas instalaciones incluyen: una sala de limpieza y esterilización del material con instrumental que ronda los dos millones de euros; un sistema para el paso de material con desinfección por ultravioleta (UV); un sistema de aspiración por vacío de viruta y llenado semiautomático de viruta; dos duchas de aire para posibilitar el tránsito del personal; no le canso. Ya se lo dije, pasa por ser el edificio científico-técnico más complejo de la Universidad de Sevilla.
Del científico, el hombre y la ciudad
Ni que decirle tengo a estas alturas que, Losada Villasante, como científico-investigador centrado en la fotosíntesis y otros sistemas bioquímicos de conversión de energía, ha sido distinguido a lo largo de su trayectoria profesional con un sin fin de premios, honores académicos, reconocimientos universitarios, cargos institucionales, pertenencia como miembro de numerosas sociedades científicas nacionales e internacionales, y otras tantas distinciones, que resultaría prolijo desarrollar aquí por elementales razones de espacio y tiempo. Unas investigaciones sobre fotosíntesis, metabolismo intermediario y su regulación, en particular en relación con la asimilación del nitrato, cuyos resultados (más de un centenar de trabajos y revisiones sobre estos temas) han sido publicados en las más prestigiosas revistas científicas de todo el mundo, así como recogidas en varios libros de texto y divulgación. Lejos queda esa pequeña explosión en su “laboratorio de alquimista carmonense”, cuando con tan sólo 14 años experimentaba con los gases hidrógeno, H2, y oxígeno, O2, precisamente … “Soy un científico que he buscado la verdad por encima de todo”. (Continuará)
