En el corazón de Sevilla, entre calles empedradas y edificios históricos, se encuentra El Rinconcillo, el bar más antiguo de la ciudad y uno de los más emblemáticos de España. Fundado en 1670, este establecimiento ha sido testigo del paso del tiempo, manteniendo su esencia tradicional y convirtiéndose en un lugar de referencia tanto para los sevillanos como para los visitantes.

Ubicado en el número 40 de la calle Gerona, en pleno casco antiguo de Sevilla, El Rinconcillo comenzó su andadura en el siglo XVII como una taberna donde se servían vinos y tapas a los comerciantes y transeúntes de la época. A lo largo de los siglos, ha sabido conservar su esencia y adaptarse a los tiempos sin perder su identidad.

Su interior, con estanterías repletas de botellas, barriles de madera y azulejos sevillanos, sigue evocando el ambiente de una Sevilla antigua. A lo largo de su historia, ha acogido a personajes ilustres, artistas y literatos que han encontrado en sus salones un rincón donde compartir tertulias y degustar la gastronomía tradicional andaluza.

Más allá de su valor histórico, El Rinconcillo es un templo de la cocina sevillana. Entre sus especialidades destacan las espinacas con garbanzos, el bacalao con tomate, el jamón ibérico de bellota y su famosa tortilla de bacalao. Acompañados de un buen vino o una caña bien tirada, estos platos han convertido al establecimiento en un lugar de culto para los amantes del tapeo.

Uno de los aspectos más curiosos es la forma en la que se apuntan las cuentas en la barra: los camareros siguen utilizando la tiza blanca sobre la madera, una tradición que ha permanecido inalterada con el tiempo y que sorprende a quienes visitan el bar por primera vez.

A pesar de los siglos transcurridos, El Rinconcillo sigue siendo un negocio familiar que ha logrado mantener la autenticidad de sus orígenes. Su importancia como parte del patrimonio cultural de Sevilla lo convierte en un lugar imprescindible para quienes desean conocer la historia viva de la ciudad.

Hoy en día, además de su fama local, es una parada obligatoria para turistas que buscan experimentar la Sevilla más auténtica. Su ubicación estratégica, cerca de la Iglesia de Santa Catalina y otros puntos de interés del centro histórico, hace que sea un lugar ideal para una pausa gastronómica mientras se recorre la ciudad.