Ocurrió en febrero, el mes cojo, ese que se hace carnaval. Cuando el amor lo llevas dentro. fue una noche oscura. De velas en los pasillos y en la cocina, de linternas.
Se hizo la noche y nadie vino a poner los plomos. Se había quemado la caja. y nadie respondió por ello. Llamada desde el móvil apuntó de quedarse sin carga
Recordemos que no había luz, que habían saltado los plomos, como antiguamente, cuando la luz venía a las seis de la tarde y mi abuela me decía: niña dale un pellizquito a la luz y la luz se hacía. y con aquella bombilla que daba más sombra que otra cosa freímos los boquerones, encima de la pecilla de carne guisada. y nos dormíamos pronto, no quizás saltaran los plomos.
Amanecía y el sol nos daba los buenos días. No había reloj ni tiempo, pero acudíamos pronto a la escuela y no nos pesaba ni el camino ni las tareas.
Aquí se había quemado la caja de los plomos. menos mal que no sería pues es ignífuga.
Desde las dos llamadas a unos y a otros y la luz, no venía.
De usted es la avería, los de Endesa nos decían y querían cobrarnos cien euros por hacernos una visita. Eso no entra, nos decían los seguros. Todos se lavaron las manos y solitos nos dejaron. Y todo eso después de estar toda la tarde, llamando una y otra vez a un sitio y a otro. Nos hicieron gastar la energía, la corporal, las ganas de creer en todos ellos y no nos creíamos lo que nos estaba pasando.
Menos mal que un amigo que es electricista vino a ayudarnos con los plomos, pero la caja también estaba quemada y después de haber comprado los plomos, no pudimos hacer más nada. Se nos echó la noche encima.
Y se hizo la noche oscura. y dormimos a la luz de las velas. y nos levantamos al hacer de día, como si estuviéramos en el campo, como cuando yo era chica.
Nos quedamos sin luz sólo un día. No pudimos calentar ni agua, ni comida, ni ducharnos, ni encender la estufa. Adiós a la comida preparada, adiós a los congelados.
Un frío me recorrió el cuerpo. La culpa había sido mía, no de las renovables, ni de la línea.
¿Fue tan solo una avería?
¡Ay de mis fiambreras! De mis congelados, de mi lavadora sin poner, del lavavajillas
¡Ay, qué tarea, la de andar sin luz en el siglo XXI, como si el XIX fuera!
¡Ay, qué alegría, cuando vino el electricista!
Hombre, haberme llamado antes, dijo el hombre con una sonrisa.
Claro, si lo hubiéramos sabido, antes se hubiera arreglado la avería
Ahora, no hemos tenido más remedio que cambiarnos de compañía y anda Endesa detrás nuestras, llamándonos todos los días, para ofrecernos mejoras en la línea, pero sin pedirnos, en ningún momento, disculpa alguna.
No tiene una ganas de andar con más papeles, de poner ninguna denuncia. Aún no creemos que estas cosas ocurran en nuestros días.
Los comerciales, ayudando encima, solo insistían en que, si habíamos dejado de pagar algún recibo, porque solo nosotros estábamos sin luz, todos los vecinos luz tenían.
Y a mí me daba una rabia, una impotencia… ¡qué día!
Y como en la película de Lo que el viento se llevó. Como Olivia, hubiera jurado que eso, otra vez a mí no me ocurriría.
Para tener agua y luz, para el cuidado de nuestro hogar, estamos a merced de tantas e ineficaces compañías, que a una le da por pensar que el dinero que les pagamos es dinero tirado a las alacantarillas.
