Con sus 106 m de longitud fue rotulada a principios del siglo XXI cuando se reurbanizó la Antigua Pirotecnia Militar de Sevilla, y se hizo en honor del bioquímico, biólogo, fisiólogo y farmacéutico carmonense. Se trata de una vía comprendida entre la avenida Ramón Carande y la calle Presidente Cárdenas, perteneciente al distrito Sur, barrio Giralda Sur (41013) y que, como veremos más adelante, no es el único reconocimiento que la ciudad le hace, sea en forma de placa, edifico o premio; pero vayamos por orden, y empecemos con el hombre o, mejor aún, el niño.
Manuel Losada Villasante (1929). Adolescencia y juventud
Nace durante los fastos de la Exposición Iberoamericana de Sevilla en la localidad de Carmona, una longeva y fructífera vida que va camino de alcanzar los 96 años, y fue alumno libre del Instituto San Isidoro de Sevilla (1939-1944), alumno libre digo porque cursó los cinco primeros años del Bachillerato en un colegio improvisado y “ambulante”, no tenía sede propia, de su pueblo junto a una docena de compañeros. Un centro que estaba gestionado por su padre, licenciado en Derecho, y doña Isabel Ovín, primera mujer licenciada en Química por la Universidad de Sevilla, ¿próximo reconocimiento en esta tribuna? Con posterioridad pasó al sevillano colegio San Francisco de Paula (1944-1946) donde acabó el bachillerato y desde el que se trasladó a la capital para estudiar la carrera de Farmacia en la Complutense.
Allí fue discípulo del Premio Nobel en Fisiología o Medicina de 1959, el luarqués Severo Ochoa (1905-1993) que lo compartió con el estadounidense Arthur Kornberg, todos ligados de una forma u otra al sevillano IES San Isidoro citado antes; un magnífico vínculo éste entre los dos españoles (científico, personal y sevillano) que dejaremos pasar sólo por ahora. Y lo hago para seguir con el relato universitario del carmonense, del que ha de saber se licenció con premio extraordinario en 1952, se doctoró cuatro años más tarde y, gracias a diversas becas y contratos de investigación conseguidas, amplió su formación en diferentes centros internacionales. Recién licenciado, el Instituto de Edafología y Fisiología Vegetal de Madrid (CSIC). En 1954, el Instituto de Edafología en la Universidad de Münster (Alemania). Después los Laboratorios Carlsberg (Dinamarca). Y en 1958, el Departamento de Fisiología Celular de la Universidad de Berkeley de California (Estados Unidos), donde continuó sus investigaciones sobre bioquímica hasta 1961, año en el que regresa a España, a Sevilla. Pero antes de la vuelta al suelo patrio, “ya de la que va”, permítame una triple licencia narrativa, abro paréntesis.
Tres «por cierto»
Ya sabe, la locución adverbial sinónima de “a propósito” que solemos utilizar coloquialmente, bien para cambiar de tema, que no es el caso, o bien para introducir uno nuevo relacionado con el anterior, éste sí que sí. Cronológicamente, el primero sucedió en su pueblo de la campiña y es que no parece que fueran sus comienzos estudiantiles muy prometedores, de hecho, su madre tuvo que escuchar de una acharada Isabel Ovín, íntima amiga suya y profesora del niño: ‘Nieves, creo que Manolito no sirve para estudiar’, imagínese el disgusto de mamá. Por suerte la maestra erró el tiro y, pasado un tiempo, aquel alumno se convirtió en estudiante; a partir de ahí, sus propios tiros, de los que los artilleros llaman por elevación, hicieron dianas plenas o casi.
El segundo de los “por cierto” guarda relación con la peor calificación escolar que existe, el cero, un “cero absoluto” con el que suspendió la asignatura de Religión del entonces llamado Examen de Estado o Reválida de ingreso en la Universidad; un dígito de nulo valor que le impidió alcanzar la máxima calificación de media en dicha prueba y un “pequeño-gran” disgusto, en este caso para papá, pero que tuvo su particular revancha por parte de Manuel, como ya ha podido leer más arriba. El tercero que le traigo es mucho más agradable, resulta que setenta años después de abandonar sus aulas, Don Manuel volvía al colegio (2016) para dar nombre al Laboratorio de Biología del mismo; así aparece grabado en una placa donde están también sus dos reacciones “favoritas”: una, la de electrólisis del agua, por acción de la electricidad; otra, la de la biofotoelectrolisis, a expensas de la luz solar. Tres, eran tres como las hijas de Elena, solo que éstas sin fueron buenas… Cierro paréntesis.
«…Y Sevilla»
De regreso a España en 1961, Losada Villasante ejerció como profesor en la Facultad de Ciencias de Sevilla hasta que, en 1967, ganó la cátedra de Química Fisiológica en dicha facultad; tras ella era nombrado jefe del departamento de Morfología y Fisiología, jefe de la sección de Química Fisiológica y jefe del Instituto de Biología Celular del CSIC. Además, motu proprio, fundó el Instituto de Fotosíntesis en la capital andaluza. (Continuará)
