Vista aérea de la ciudad de Sevilla. Wikipedia.

Sevilla, una de las ciudades más emblemáticas de España y la capital de Andalucía, cuenta con una historia rica y diversa que se refleja incluso en su nombre. A lo largo de los siglos, su denominación ha evolucionado influenciada por las diferentes civilizaciones que la han habitado.

Orígenes tartésicos y fenicios

Algunas teorías sugieren que el nombre original de Sevilla fue Spal, un término de posible origen tartésico o fenicio que podría traducirse como «tierra baja» o «llanura», haciendo referencia a su ubicación en la vega del río Guadalquivir. Esta región fue un importante enclave comercial en la Antigüedad, lo que favoreció su desarrollo económico y cultural.

La romanización: Hispalis

Con la llegada de los romanos en el siglo II a.C., Sevilla se convirtió en una colonia del Imperio y su nombre evolucionó a Hispalis. Este término puede derivar del fenicio I-spal, que conservaría su significado original, aunque algunos estudiosos sostienen que podría estar relacionado con la fundación de la ciudad como un «lugar de talleres o industria».

Bajo dominio romano, Hispalis floreció como un importante centro urbano, con un foro, anfiteatros y una infraestructura desarrollada que la consolidó como una de las principales ciudades de la región bética.

La etapa islámica: Ishbiliya

En el año 711, los musulmanes conquistaron la península ibérica y la ciudad pasó a llamarse Ishbiliya. Durante esta época, Sevilla se convirtió en un importante centro cultural y económico de Al-Ándalus, y su nombre se adaptó a la fonética árabe. Fue en este periodo cuando la ciudad conoció un gran desarrollo arquitectónico, con la construcción de mezquitas, palacios y murallas.

La reconquista y la adaptación al castellano

En 1248, Fernando III de Castilla reconquistó Sevilla y la incorporó a los reinos cristianos. El nombre Ishbiliya evolucionó hasta convertirse en Sevilla, adaptándose a la fonética del castellano medieval.

A partir de entonces, la ciudad se consolidó como un importante enclave comercial, especialmente tras el descubrimiento de América en 1492, que la convirtió en la puerta de entrada del comercio con el Nuevo Mundo.