(Continuación) Al parecer, es algo que habría que decir a favor de Calvino, éste al final abogó para que le conmutaran la pena por la más piadosa de la decapitación, pero por lo que se ve no pudo ser, estas cosas pasan. El caso es que Servet fue atado en la picota esa tarde del 27 de octubre de 1553, a sus pies se pusieron sus escritos y se colocaron troncos de leña verde y húmeda, con la aviesa intención de que la pira ardiera más despacio y el hereje tardara más en morir; aunque no es menos cierto que lo quisieron compensar con el compasivo gesto de colocarle una argolla en el cuello impregnada en azufre, para que el humo que emanaba acelerase su muerte por asfixia (también he leído que se trataba de una corona de pámpanos salpicada de azufre sobre su cabeza). En cualquiera de los casos y por desgracia, al parecer, una brisa que se levantó disipó pronto dicho humo y el suplicio del médico maño duró más de una hora, mala suerte. Estas cosas, pasan también, vamos, que a la fuerza te hacen mártir, si no a la primera vez a la segunda. Tras arder en el alto de Champel sus inquisidores calvinistas esparcieron al viento sus cenizas sobre la ribera del lago Leman. ‘Arderé, pero eso será un mero incidente. Continuaremos nuestra discusión en la eternidad’.

Dos veces quemado

A qué dudar que Miguel Servet fue de los primeros pensadores cristianos modernos en: abogar por el derecho de cada individuo a seguir y expresar su propia conciencia y convicción; expresar que ninguna autoridad ya fuera eclesiástica o civil tiene el derecho a imponer sus creencias; y explicitar que es un crimen perseguir y matar por las ideas (‘Matar a un hombre no es defender una doctrina, sino matar a un hombre’). Por desgracia, sus ideas humanistas y contrarias al papel de la Iglesia y del Papado como garantes de la salvación, no le impidieron ser quemado dos veces por su “herejía argumentaría”: la primera de forma simbólica, in absentia, por parte de la Inquisición francesa; la segunda ya real. Tengo para mí que, como humanista, siempre creyó en que todo lo que puede ser pensado, bien puede ser dicho, discutido y hasta hecho, algo que, a las pruebas me remito, resultó ser demasiado adelantado para la época que le tocó vivir. Y con él ardieron, en la pira del alto de Champel, las pocas copias que se salvaron de su Christianismi Restitutio tras su publicación, bueno al parecer se salvaron tres, una de la cuales llegó a Leibnitz y, por mediación de él, a Voltaire y Locke. Algo es algo, y más que nada.

Una aportación científica que pasó desapercibida

En puridad hay que hacer algunas puntualizaciones al papel que como científico jugó en la exposición y divulgación de la circulación pulmonar humana. Para empezar, es un grave error adjudicarle su descubrimiento, lo más probable es que su trabajo lo basara en los estudios previos del médico sirio musulmán Ibn Nafis (1213-1288), que sí fue el primero en hacerlo, trescientos años antes, junto con la postulación de la existencia de redes capilares. Pero, es más, si siquiera fue el primero en describir la circulación menor en su época, de hecho, está constatado que la idea ya estaba en el ambiente médico tanto en París como en Bolonia y Roma desde hacía años. O sea. Pero, aunque lo hubiera sido, que no fue el caso, de poco habría servido dado que dicho conocimiento no estaba incluido en un libro de fisiología sino de teología, por lo que pasó del todo inadvertido además de, para más inri, ser un volumen perseguido, quemado y del que quedaron poquísimos ejemplares tras el trabajo exterminador de Calvino. No, siempre ha sido algo inadecuada este tipo de asociación científica entre Servet y la circulación menor, dado que la información sobre la misma fue quemada junto con la teológica, y su conocimiento fue olvidado hasta que el médico inglés William Harvey (1578-1657) la publicara, setenta y cinco años después, en su obra De Motu Cordis,1628. O sea que.

Un hombre del Renacimiento

En cierto modo podemos decir que Servet fue un notable científico, aunque dicho esto en términos limitados -en realidad solo para la historia de la medicina y, eso sí, sin ningún tipo de relevancia científica en ella, ni siquiera en su época-. Destacar el puesto de ayudante de disección que hereda en la Universidad de París del famoso anatomista Andrés Vesalio (1514-1564), considerado el padre de la anatomía moderna, y de su obra, prácticamente desconocida, solo un escrito sobre jarabes que alcanzó seis ediciones junto a alguna que otra polémica, ya conoce al personaje. No obstante, la primera mitad del siglo XVI que le tocó vivir fue el tiempo en el que se asentaron las bases de lo que hoy conocemos como la Revolución Científica Moderna y por tanto él es un humanista total: estudioso de diversas ciencias (anatomía, astronomía, matemáticas, física, meteorología, geografía, medicina, jurisprudencia), dominador de varios idiomas, además de teólogo, experto en la Biblia, profesor de matemáticas y astronomía (o astrología), médico, anatomista condiscípulo de Vesalio. En mi más que prescindible opinión, la importancia de “Revés” no radica en su medicina, sino en su teología y en defensa de la libertad. ‘Cada cual es como Dios lo ha hecho, pero llega a ser como él mismo se hace’.