Calle Miguel Servet. Carlos Roque Sánchez Gómez

Comprendida entre la avenida de los Teatinos y la calle Juan de la Cosa, esta vía del distrito sur sevillano está ubicada en el barrio del Tiro de Línea (41013), tiene una longitud de 78 m y ya de la que va le diré que el nombre le viene a la zona por haber sido utilizada con anterioridad por los militares para realizar ejercicios de tiro con cañones. A ella confluye nada menos que la de Narciso Monturiol, lo digo porque durante unas semanas ha venido a estos predios un tal Isaac Peral, de modo que aquí hay un nuevo vínculo en el nomenclátor sevillano con el arte español de navegar por debajo del agua. Pues bien, dicho esto, la calle “tirolinense” de hoy va por otras singladuras ya que fue rotulada así en 1936 en recuerdo del teólogo y médico maño Miguel Servet (1511-1553), mártir, hereje y hombre obstinado, temerario y libre pensadordonde los haya. Vea si no.

Con tan sólo 15 años Miguel se desplaza desde su Villanueva de Sigena natal en la provincia de Huesca, perteneciente a la comarca de Los Monegros en la provincia de Aragón, hasta la Universidad de Toulouse, Francia, a fin de estudiar leyes para después, como parte del séquito imperial español, viajar con Carlos V por Italia y Alemania y presenciar en Bolonia su coronación como emperador en 1530, realizada por el Papa Clemente VII. Hasta aquí bien como español y católico, lo que no lo está tanto es que para entonces ya hubiera establecido contactos con los reformistas protestantes, durante su estancia estudiantil en Toulouse, y después no dejara de hacerlo durante el periplo imperial centroeuropeo. Vamos que jugaba a dos bandas y eso no estaba bien, no.

Primeras obras teológicas: De Trinitatis Erroribus 1531

Es por estas fechas cuando, indignado por la corrupción y el despilfarro que descubre en el papado, ataca al catolicismo y en principio abraza la Reforma protestante que desde 1517 encabezaba un tal Martín Lutero (1483-1546); y así, al año siguiente de la coronación, publica su primer libro, De Trinitatis Erroribus 1531 (“De los errores acerca de la Trinidad”) donde refuta el dogma de la Trinidad y, ni que decir tiene, se pone en contra a los católicos pues envía una copia al mismo obispo de Zaragoza. Su tesis entonces era la misma de casi todos nosotros en la actualidad, un Dios como uno y trino, o eso de tres personas distintas y un solo Dios verdadero, es algo muy difícil de entender y creer; a lo que él, para más inri, añadía que era falso de toda falsedad y que no tenía ningún tipo de fundamento en las Escrituras, vamos que era mera propensión al bizantinismo.

De hecho daba una vuelta de tuerca más: quien creyera en el dogma trinitario era un ateo porque negaba al Dios único y verdadero; Dios era uno y punto; el Hijo fue concebido por María y de eterno nada de nada; y el Espíritu Santo había que tomarlo como la inspiración a través de la que la divinidad actúa en los hombres, o algo así. Para que se haga una idea llega a comparar a la Santísima Trinidad con el “Perro Cancerbero de tres cabezas”. Como recordará Cerbero era el can monstruoso y tricéfalo de la mitología griega, encargado de custodiar la puerta del Hades, el inframundo griego, para que los muertos no pudieran salir ni los vivos entrar. De ahí que cancerbero sea uno de los magníficos sinónimos que tiene el puesto del último jugador de un equipo de futbol que defiende en el campo, también llamado portero, guardameta, arquero, …

Primeras obras teológicas: Dialogorum de Trinitate, 1532

Una obra a la que siguieron el año siguiente, 1532, Dialogorum de Trinitate (“Diálogos sobre la Trinidad”) y otra suplementaria, el opúsculo De Iustitia Regni Christi (“Sobre la Justicia del Reino de Dios”), aunque aquí anduvo más fino y repartió la culpa del escándalo provocado por el libro entre su impericia teológica y cierta negligencia profesional de los tipógrafos. Lo suyo quedó en una corrección a medio camino según la cual, la naturaleza divina de Jesús le viene no de sí mismo sino de la participación con su Padre. Vamos un sí pero no, que a nadie deja contento; un sí pero que con el tiempo terminaría siendo un que no, que no. Mas no quedó ahí la cosa, pues en estas obras también acusaba a los luteranos de haber tergiversado la traducción de la Biblia, así que el sigenense daba a diestro pero también a siniestro e iba mucho más allá de lo que permitían los planteamientos de los propios reformistas alemanes, lo que ya se puede imaginar no les gustó ni pizca.

Vamos que era un hereje para los mismos herejes, toda una metáfora de la fe. En el opúsculo afirma: “… ni con estos ni con aquellos estoy de acuerdo en todos los puntos, ni tampoco en desacuerdo. Me parece que todos tienen parte de verdad y parte de error y que cada uno ve el error del otro, mas nadie el suyo… Fácil sería decidir todas las cuestiones si a todos les estuviera permitido hablar pacíficamente en la iglesia contendiendo en deseo de profetizar.”.Con un par como quien dice, oscense tenía que ser. De modo que aquí tiene a nuestro hombre con poco más de veinte años, con “sus primeros libros revolucionarios” ya escritos, perseguido por todas las religiones importantes de la época, y con sus libros prohibidos en toda Europa. No, no se puede pedir más por menos y urgía ocultarse; que es lo único que pudo hacer el joven y lo hizo a toda prisa. (Continuará)