Son las cuatro de la mañana y el sueño no ha venido esta noche tampoco. Aprovecho para encerrarme en el baño y teclear los últimos folios...con el ruido de la cisterna que tiro una y otra vez, no se oirá la máquina de escribir, como si las palabras nacieran ya sordas.

He cerrado la puerta y las ventanas, pero oigo ruido por todas partes.

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