Publicado enTribuna

Testamento del sevillano emigrante

Os dejo las tardes calurosamente frías de invierno, un puñado de cal y un mucho de albero alcalareño, esa mancha de humedad en el alma cuando pisas la calle Sierpes y te golpean los veintitantos, como si todos los años se te hicieran presente de un solo golpe certero.