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Ágora. En nombre de Dios

La película de Alejandro Amenábar nos sitúa en Egipto, concretamente en la ciudad de Alejandría, en el siglo IV d.C., cuando este país pertenecía al Imperio Romano. Es una época convulsa en la que conviven tres religiones, el paganismo, el judaísmo y un cristianismo emergente que es aceptado oficialmente desde hace poco tiempo.

Eloína Calvete. En esta Alejandría legendaria vive Hipatia, filósofa y astrónoma.  Seguidora de la escuela neoplatónica, impartía sus clases en la Biblioteca de la ciudad; entre sus alumnos no diferenciaba entre paganos, judíos o cristianos ya que ella misma no profesaba ninguna religión. Su pasión era el conocimiento.


 

El rostro de Hipatia parece reflejar el asombro que le produce el comportamiento de los hombres que la rodean

 


La obra de Amenábar está centrada en su figura, Hipatia representa la cordura en medio de una sociedad que se deja arrastrar por los fanáticos religiosos y las “componendas” políticas. No obstante, ella se mantendrá fiel a sus opiniones y creencias, intentará convencer a todo el que quiera escuchar, nunca pretenderá vencer sino razonar. Intención inútil en un mundo que utiliza la fuerza como argumento de peso.

Durante toda la película el rostro de Hipatia parece reflejar el asombro que le produce el comportamiento de los hombres que la rodean, desde su padre, el astrónomo Theón, hasta su fiel esclavo Davo. También los que fueron sus alumnos, Orestes y Silesio, que llegan a traicionar sus enseñanzas en nombre de la religión o los intereses políticos.

Hipatia destacó en la época en la que vivió, una mujer libre, culta, inteligente, que enseñaba a los hijos de la élite y se codeaba con astrónomos y científicos como una igual. Tenía que sobresalir y los radicales religiosos tenían que limitar su influencia entre los jóvenes que acudían a sus clases y entre los nobles ya que sus consejos eran oídos y apreciados.

Todo esto queda magníficamente reflejado en la película de Amenábar, el director chileno ha realizado un trabajo digno, es una gran obra que nos deja al final un regusto amargo. Ante nosotros se abren una serie de interrogantes: ¿ha cambiado realmente la sociedad en 1600 años? ¿no es ahora el fanatismo religioso la causa de innumerables muertes? ¿será alguna vez el ser humano capaz de superar sus diferencias por medio del diálogo?.

Como dice Hipatia en una escena de la película: “es más lo que nos une que lo que nos separa; todos somos iguales”.

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