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Sociedad

El legado de Cayetana

La muerte de la duquesa de Alba abre el debate sobre el futuro de la casa nobiliaria más importante de España. La aristócrata repartió en 2013 su herencia de manera anticipada y dejó claras las directrices de una eventual sucesión.

Su verdadero nombre era María del Rosario Cayetana Fitz-James Stuart y Silva. Era la XVIII duquesa de Alba, la XI duquesa de Berwick y así hasta completar una larga lista  de hasta 47 títulos nobiliarios. Cayetana era descendiente directa del último rey católico de Inglaterra y Escocia, Jacobo II Estuardo. Entre sus antepasados están el conde-duque de Olivares o Cristóbal Colón.

Con esa presentación no hace falta explicar la incertidumbre generada tras su muerte. Aunque el futuro de la Casa de Alba, una de las más importantes del Reino de España, pueda parecer que pasa por momentos de desasosiego, Cayetana de Alba dejó todo dispuesto para su sucesión en febrero de 2013.

El pasado año, la duquesa de Alba procedió a repartir de manera anticipada su herencia entre sus seis hijos. Se trataba de sus propiedades personales, puesto que aquellas que pertenecen al legado histórico de la familia pasarán directamente a su hijo mayor, Carlos Fitz-James Stuart y Martínez de Irujo, el duque de Húescar.

La colección artística o los edificios más emblemáticos forman parte del mayorazgo, es decir, la parte indivisible de la herencia. Así, el palacio de Liria en Madrid, el de Dueñas en Sevilla o el de Monterrey en Salamanca son ya propiedad de una Fundación presidida por el duque de Huéscar, aunque Cayetana tiene el usufructo hasta su muerte.

A lo largo de su vida la Duquesa de Alba ha cedido a sus seis hijos diferentes títulos nobiliarios. Carlos, el mayor, es duque de Huéscar, siguiendo la tradición de los herederos de la Casa. Alfonso, el segundo, es duque de Artiaga. Jacobo, conde de Siruela; Cayetano, conde de Salvatierra y Eugenia, duquesa de Montoro. Los hermanos del duque de Huéscar solo podrán usar estos títulos en vida y a su muerte no se los podrán legar a sus hijos, sino que volverán a la rama principal de la familia.

Para validar todos estos títulos ante el Estado español se deben abonar unas tasas ante el Ministerio de Justicia que rondan los 3.000 euros. En el caso del fallecimiento de la actual jefe de la Casa de Alba, el nuevo titular, su heredero, debería abonar más de 100.000 euros al Estado para inscribir los 47  títulos que le pertenecen.

Si existe alguna incógnita en lo que sucedería tras una eventual muerte de Cayetana es la de su enterramiento. La familia ha tenido de manera tradicional como panteón el monasterio de la Inmaculada Concepción de Loeches, en Madrid. Allí tienen sus tumbas los dos primeros maridos de la duquesa, Luis Martínez de Irujo y Jesús Aguirre.

Al margen de la tradición, la duquesa ha demostrado a lo largo de su vida su estrecha vinculación con la ciudad de Sevilla. El Templo Santuario de la Hermandad de los Gitanos, cuya restauración financió en buena parte Cayetana, podría ser un excelente lugar de reposo para la que ha sido la aristócrata más emblemática de nuestra Historia reciente.

Sobre el autor

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Adrián Yánez

Historiador y Periodista. Cuando era pequeño se dio cuenta de que lo suyo era contar historias. Le da igual si sucedieron en otro siglo o hace cinco minutos. En Sevilla le enseñaron a amar el mito, en la Facultad de Historia a desmontarlo, en la de Comunicación a descubrir la verdad.

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