La semana pasada me despedía indicándole que en el Museo Naval de Sevilla, ubicado en la albarrana Torre del Oro, no existe ninguna constancia documental o gráfica de la observación del eclipse solar total que desde ella dirigió Antonio Machado y Núñez, el jueves 22 de diciembre de 1870. Coincido en que su no presencia puede quedarse en el rango de la anécdota, pero reivindico su grado de significatividad pues nos pone en la pista de lo “olvidadito” que está nuestro hombre, a la hora de tener un reconocimiento urbano en nuestra ciudad. No obstante, es bien cierto que el bibliotecario que nos trae hoy tiene cierta importancia institucional, aunque no lo es menos que su creación fue algo tardía.

Me explico. Situada en la avenida de Eritaña, en el barrio de El Porvenir (37° 22′ 11,2″ N; 5° 59′ 11,1″ W) y junto a los pabellones de Brasil y México de la Exposición Iberoamericana de 1929, esta importante biblioteca fue inaugurada el 28 de marzo de 2017, lo dicho, algo tardía. De su importancia dicen los más de 130 000 volúmenes que alberga, también algunas significativas joyas bibliográficas, y unos importantes fondos que se remontan a los primeros años de la Universidad de Sevilla, pongamos que hablo del siglo XVI. Lo que no está nada mal, no es lo mismo hablar que decir, pero es que don Antonio no se merece menos.

‘El médico del gabán blanco’

Así era conocido el gaditano Antonio Machado y Núñez (1815-1896), al que una rápida y ligera visión de su vida nos lo muestra como un personaje de lo más interesante y peculiar, un polifacético humanista y con una historia personal extraordinaria. Por no cansarle, entre sus actividades científicas fue médico, geólogo, botánico, zoólogo (el primero en citar la presencia del lince ibérico, Lynx pardinus, en Doñana), antropólogo, ornitólogo y vulcanólogo. Y como personaje público fue alcalde de Sevilla en dos ocasiones, cofundador del Ateneo de Sevilla junto a Manuel Sales y Ferrer y gobernador de la provincia.

Fue precisamente durante el desempeño de este cargo cuando llevó a cabo la medición del eclipse solar desde la Torre del Oro. Académicamente fue Catedrático de Ciencias Naturales, Decano de la Facultad de Ciencias, Rector de la Universidad de Sevilla (es el único que no tiene retrato en los muros de la antigua Fábrica de Tabacos) y fundador, en 1850, del Antiguo Gabinete de Historia Natural que en aquella época llegó a ser el segundo Museo de Historia Natural de toda España y hoy forma parte del Museo de Geología de la Hispalense. Ah, y además está lo del darwinismo.

El primer darwinista de España

Ojo al dato, don Antonio fue uno de los primeros introductores en España de la Teoría de la Evolución del naturalista inglés Charles Darwin. Él perteneció a ese selecto grupo de científicos españoles que, en su época, podían hablar con verdadera autoridad del darwinismo. De hecho, apenas un año después de la publicación de El origen de las especies (1859), la teoría de la evolución por el mecanismo de la selección natural llegaba a Sevilla de su mano, pues la enseñaba desde su cátedra de Historia Natural en la Universidad de Sevilla. Es más que probable que los primeros ecos de la misma le llegaran a través de sus estrechas relaciones con los centros de investigación europeos, en especial de Francia y Alemania. Aquí, y sólo a modo de apunte, habría que destacar la determinante influencia que Machado tuvo de la obra del abogado y geólogo inglés Charles Lyell.

“…y Sevilla”

Por otro lado, como simple ciudadano de a pie, se declaró republicano acérrimo, masón, seguidor de la Institución Libre de Enseñanza, anticlerical, activo militante del krausismo y amigo de Giner de los Ríos. Además, en el trato personal, era un hombre de lo más simpático y sabemos que se casó con la sevillana Cipriana Álvarez, pintora de talento y gran folklorista. “Los Machado”, una familia sorprendente, de gran tradición liberal, muy culta, con un nostálgico trasfondo sevillano y dos siglos ya de historia, que empezó en el abuelo Antonio (ya más científico que filósofo natural), un ser humano a todas luces excepcional y uno de los Machado “olvidaditos”.

A pesar de su impresionante currículum profesional apenas esbozado en esta entrada, y de su enorme vinculación personal y profesional con la ciudad, una relación de la que tan solo he dado unas pinceladas, a pesar de lo anteriormente apuntado, Antonio Machado y Núñez no tiene en esta ciudad ni una calle, ni una plaza, ni una placa con su nombre. Bueno, está lo de la tardía biblioteca, así es nuestra ciudad, la de los poetas del cernudiano “donde habite el olvido”. Comprenderá que una familia así y una torre con esa planta, hacen inevitable su aparición, mas pronto que tarde, en estos predios. Le dejo por hoy con Canto a Andalucía de su nieto mayor Manuel, con su último verso “…y Sevilla”.

Carlos Roque Sánchez Gómez

Catedrático de Física y Química jubilado. Autor del blog 'Enroque de Ciencia' (carlosroquesanchez@gmail.com)