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De la calle con nombre de mes. Se encuentra en el NO de la ciudad, pertenece a la barriada Hermandad del Trabajo, distrito Macarena (41009), y con sus 170 m de longitud discurre entre en la calle Mar Caspio donde comienza y la avenida de Sancho Dávila donde termina. Rotulada en 1972, es una de las tres únicas calles que, junto a abril y mayo, existen en nuestro nomenclátor con nombre de mes natural, encontrándose además las tres muy próximas. Tres meses que conforman más de los tres cuartos de una inminente primavera que por cierto, también tiene reconocimiento en forma de calle y además no anda muy lejos. Por razones obvias, a no mucho tardar iremos a la estación astronómica.

Marzo, la primera calle dedicada a un mes que aparece en esta sección, un mes que en la actualidad y desde el año 153 a. C., ocupa el tercer lugar en el calendario gregoriano y contiene treintaiún días, aunque esto no siempre fue así. Ni siempre ocupó ese lugar en el calendario, antes fue el primero, ni tuvo ese número de días, otro día se lo cuento. Además, marzo, es un mes interestacional al contener entre sus días a invierno y primavera; lo es, como el invierno es una estación interanual al estar comprendida entre dos años naturales.

Del mes con nombre de dios. Proviene del latín Martius, que era como se conocía al primer mes del antiguo calendario romano que, originariamente, constaba de sólo diez meses y 304 días.

Fue el rey Numa Pompilio, segundo rey de Roma, quien en el 713 a. C. añadió dos meses más (enero y febrero), a fin de paliar los cada vez mayores desfases temporales que se producían entre el paso de los meses y las llegadas de las estaciones meteorológicas, que no astronómicas, del año. Con ellos se completó el año lunar hasta los 355 días y algo mejoró el asunto calendario.

Marzo, un mes que toma su nombre del dios romano de la guerra, el fiero Mars, una asociación nada inocente ésta ya que era precisamente en este mes, cuando se iniciaban todas las campañas bélicas, aprovechando la bonanza climática de la por llegar primavera. Ya de la que va, recordar aquí que, desde el campo de la etimología, los nombres de todos los meses tienen raíz latina, aunque existe una diferencia categórica entre ellos. Mientras el de los ocho primeros -de enero a agosto- proviene del nombre de dioses romanos o dirigentes como Julio Cesar (por cierto, con calle también en la ciudad) y Augusto, los cuatro restantes -septiembre, octubre, noviembre y diciembre- lo tienen por una mera cuestión de orden al ocupar, por aquellos entonces, las posiciones séptima, octava, novena y décima del calendario. Algo que cambió unos siglos después.

De los idus de marzo. La historia es también antañona. Con el término idus los romanos designaban en su antiguo calendario los días 15 de marzo, mayo, julio y octubre, y los 13 del resto de los meses del año. De modo que la expresión idus de marzo correspondía al decimoquinto día del mes Martius o marzo, dedicado al dios de la guerra Mars y de quien, seguro que ha caído en la cuenta, deriva el nombre del planeta Marte, también conocido como “Planeta Rojo”, por cierto con sevillana calle dedicada. Todo un filón este Mars. Unos días, vuelvo a los idus, que en principio y según la creencia popular, eran de buenos augurios, o sea, jornadas portadoras de buenas noticias, o al menos así lo fue hasta que un revés de la historia, hizo cambiar esta simbología de buen presagio. Porque un 15 de marzo, en concreto del año 44 a. C, Julio César murió asesinado y desde entonces, su significado buenista cambió. En otra calle que nos veamos, le cuento la juliana historia.

Del equinoccio de marzo y el cambio de hora. Una manita de días después de los idus, el domingo 20, tiene lugar uno de los dos equinoccios anuales, en este caso el equinoccio de marzo, que aquí en el hemisferio norte llamamos equinoccio de primavera, si bien ya comentamos lo confuso de esta denominación. Por si está interesado lo hicimos en la entrada dedicada a la calle Sol de invierno.

Pero este mes viene cargado con otra fecha de relevancia, la del cambio de hora que en España se produce siempre en la madrugada de su último domingo. De modo que el 27 de este mes marcero, a las dos de la madrugada hora peninsular y Baleares, deberemos adelantar nuestros relojes para ponerlos a las tres horas, recuperando así el horario estival. En Canarias, naturalmente, la una de la madrugada pasará a ser las dos, y en todo el país este día tendrá, oficialmente, una hora menos, que algunos perderán de sueño. Sobre si será éste el último cambio horario que hagamos y con cuál de ellos nos quedaremos, no le puedo informar nada, pues nada está claro: los científicos no se ponen de acuerdo y el gobierno está a verlas venir.

Bueno, pues no son pocos los flecos en forma de calles que han quedado sueltos en la costura de esta entrada marceña: desde el planetario Marte y los meses venideros de abril y mayo; hasta el de la inminente estación primaveral, pasando por el dedicado a Julio César que acometeremos la semana próxima, Dios mediante. Le dejo con el refranero español: ‘Cuando marzo mayea, mayo marcea’.

Carlos Roque Sánchez Gómez

Catedrático de Física y Química jubilado. Autor del blog 'Enroque de Ciencia' (carlosroquesanchez@gmail.com)