Lorena Borja
Lorena Borja

Enfermera y del Polígono Sur. Lorena Borja lleva desde el inicio de la pandemia en primera línea combatiendo al coronavirus. Hace algo más de un año España entera estaba encerrada en sus casas. Las ventanas se llenaban de aplausos a las 20:00 horas en apoyo a todos los sanitarios que, entre estrés y riesgos a ser contagiados, luchaban contra la pandemia.

Tras todos esos sanitarios que hoy, aún, se encuentran luchando existe una historia personal y familiar. En algunos casos incluso de superación. Es el caso de Lorena Borja, que ahora vacuna cada día a decenas de personas.

Cada vez que Lorena habla de su profesión o de la situación que como sanitaria le ha tocado vivir, se observa un brillo en sus ojos. Vocación es la palabra que acompaña a Lorena cuando se coloca la bata blanca, cuando inyecta una vacuna o cuando se escondía detrás de un EPI. Ahora trabaja en un centro de salud de Coria del Río.

Estás vacunando contra el Covid-19, ¿en qué momento se dio cuenta de que quería dedicarse a esta profesión?

Siempre he estudiado en institutos del barrio (Polígono Sur) y aquí nunca son buenas las esperanzas de que se llegue a estudiar algo más. Se espera que, como mucho, alcances a un grado medio al que dedicarte, pero no que llegues a una carrera universitaria o alcances un “trabajo más prestigioso”, aunque después sea un trabajo humilde.

De pequeña, en lugar de salir a jugar a la puerta de mi casa, me quedaba leyendo o viendo películas. También ha influido mi madre. Ha cuidado siempre de su familia. Creo que ese deber estaba dentro de mí. Ella hubiera querido ser enfermera.

¿Qué le hizo decantarse por la enfermería?

Sentía que quería ser enfermera, no quería ni medicina, que es algo que suele seleccionar primero muchas personas que quieren dedicarse a la sanidad. Yo quería cuidar, quería apoyar… Fue vocacional.

Enfermera y del Polígono Sur. De familia gitana. Existe una imagen preconcebida en la que las gitanas no siguen adelante en sus estudios.

Mi madre no es gitana, pero mi padre sí. En casa, mi madre era la que daba las pautas en los estudios. Aunque mi padre estaba más pendiente de las notas. Él siempre me ha dicho que estudiase para no tener que depender de ningún hombre ni de nadie. Él nunca tuvo esa posibilidad siendo del barrio y de etnia gitana. Con doce años ya estaba trabajando y siempre se le quedó “el gusanillo” de haber estudiado alguna carrera universitaria.

Tengo tres hermanos más, y lo que él siempre ha intentado es de brindarnos a todos nosotros la oportunidad de hacer lo que él nunca pudo. Mis hermanos también me han dado muchísimo apoyo. Si no me daban la beca, entre todos, reunían el dinero para pagarme ese año y poder así continuar con mis estudios. Mi madre también me ha apoyado muchísimo de una forma incondicional, y sin ese apoyo no sé qué hubiera hecho…

¿Desde que comenzases a formarte como enfermera has sentido alguna vez rechazo por vivir en el Polígono Sur?

Sí. Muchas veces no dices de donde eres por miedo a los prejuicios, a que te cataloguen. Entré a la universidad y al principio no dije de donde era ni que soy gitana. Pero llega un momento en el que yo soy de donde vengo y en lugar de sentirme mal debía sentirme orgullosa. Al final he llegado al mismo sitio en el que estaban los demás habiendo tenido más inconvenientes en llegar que ellos o un camino más difícil.

Cuando ya sí dije de donde soy hubo mucha gente que se extrañó, otras que me dijeron que qué miedo, otras personas se alejaron sin decir el motivo. Una nota el rechazo. De igual forma que tuve ese tipo de compañeros, tuve otros que no conocían el barrio y que hoy conocen el barrio por mí y que se han quedado a dormir en mi casa.

Lorena Borja
Lorena Borja vestida de enfermera.

¿Ha tenido que convivir con comentarios despectivos hacia el Polígono Sur o la etnia gitana trabajando como enfermera?

Sí, por supuesto. Incluso hay veces que trabajando escuchas: “son gitanos”, o cuando he hablado con médicos: “no, es que… tú sabes como son”. “Son gitanos, tú sabes como los tienes que tratar”. Hay veces que dices: “bueno, para qué voy a entrar aquí”, pero te entran ganas de decir: “yo también lo soy, y soy tu compañera”.

¿Crees que dentro del sistema sanitario existe un trato especial a unos frente a otros?, que a una persona gitana se le trate diferente a una que no lo es.

Es un tema complicado. El hecho de ser gitano no implica no tener educación. Mi padre es gitano y es una persona muy educada. Pero es verdad que se cataloga antes a una persona gitana como menos educada y difícil de tratar que a una persona que no lo es. Hay personas que no son gitanas y llegan al hospital tratando mal, faltando el respeto al personal, agrediendo… y no se generaliza tanto como a los gitanos.

¿Cómo están acogiendo las personas las vacunas? Hay o no reticencias a momento de ponérselas…

Hay un poco de todo. Como sanitaria, te alegras mucho cuando llega una persona y te dice: “que contenta estoy de ponérmela” porque veo ilusión en un año en el que solo hemos visto desgracias y desilusión. Es como el inicio del final, porque, evidentemente, nos queda mucho por delante. Cuando alguien agradece la vacuna y tu labor es como un chute. Tú te contagias de esa alegría porque estás trabajando y muy cansado ya porque llevamos un año muy a tope.

Pero sí que es verdad que hay muchas personas reticentes, especialmente con las marcas: Pfizer y AstraZeneca. A veces es un poco complicado porque hay personas que ahora no quieren ponerse la AstraZeneca porque escuchan que hay compañeros que se han puesto malos… Hay un poco de todo: de sí y de no, pero la mayoría de personas están muy contentas de ponérsela.

Lorena Borja

¿Podrías contar algún momento incomodo que te haya tocado vivir a la hora de vacunar?

Nosotros tenemos las agujas que las vamos cargando. Se sacan seis o siete dosis de cada vial, y bueno… tú tienes tus agujas ya cargadas, y hay veces que algunas personas creen que les estás inyectando aire.

El otro día pasó que cuando íbamos a poner una vacuna nos preguntaron: “¿estáis seguros de que es la vacuna?”. Hay veces que piensan que negociamos con la vacuna, que metemos aire o suero…

¿Y algún momento memorable?

Momento bonito recuerdo cuando fuimos a vacunar a una mujer que tendría 102 o 103 años y se emocionó porque había llegado a la vacuna después de pasarlo mal estando un año sin salir. Se emocionó porque después de ese año sin salir, gracias a la vacuna, podría salir a la calle y ver a su familia.

No nos damos cuenta, pero los abuelos llevan mucho tiempo encerrados y con mucho miedo, y cuando ya le hemos puesto la vacuna la pregunta que hacen es: “¿puedo besar a mis nietos?”.

¿Habéis encontrado los sanitarios alguna dificultad a la hora de realizar vuestra labor: falta de material, personal, dosis insuficientes…?

Sí (asiente esta enfermera del Polígono Sur antes de acabar la pregunta). En una planta Covid las cosas están contadas: las mascarillas FFP2, las batas… Al principio de la pandemia había más falta: nos hemos encontrado trabajando sin medio, se han contagiado muchos sanitarios…

Hay falta de recursos y de gente. Nos hemos visto y deseado muchos turnos (explica un poco cabizbaja). Y muchos compañeros que lo han pasado también muy mal, igual que yo. Sobre todo la primera ola, que no sabíamos cómo actuar ni cómo hacerlo.

¿Qué se siente como sanitaria viendo un posible fin?

Ilusión por que la vida vuelva. Ilusión de poder dedicarnos bien a nuestra labor. Yo al final solo veo Covid y más Covid. Ya no sé ni qué es ser enfermera sin Covid. Echas de menos tu trabajo de normal, de no estar con un EPI.Es ilusión por que todo esto acabe, la vida continúe, porque esto lo recordemos. Que nos dé la enseñanza, pero que lo recordemos. A veces las cosas pasan y no es una película.

Mercedes Cornejo

Periodista. Titulada en Mediación Comunicativa y escritora.

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